domingo, 20 de junio de 2010

Del "Suizazo" a la Hysteria colectiva.

Estoy seguro que todos los que sois fans de MUSE, o fuisteis al concierto, o conocéis a alguien que estuvo y os contó cómo fue la noche del 16 de Junio. A los que no os gustan, o incluso no sabéis ni quiénes son, seguro que en alguno de los telediarios oisteis que 50.000 personas llenaron el Calderón uno de los días más tristes y raros de la historia del futbol español. Pues gracias a estos tres señores del también triste condado de Devon en Inglaterra, la fatídica noche del “Suizazo” en el mundial de Sudáfrica pasó a ser la noche en que MUSE conquistó Madrid.

Y es que no tenían nada fácil levantar el ánimo de la gente después del mal rato que nos habían hecho pasar nuestros seleccionados en la sobremesa, pero bastó con entrar en el estadio Vicente Calderón y contemplar ese macro escenario para darse cuenta de que esa noche se estaba cociendo algo muy gordo, yo personalmente, tarde menos de 1 segundo en cambiar a Iniesta por Matt Bellamy, a Villa por Dominic Howard y a Casillas por Chris Wolstenholme, resumiendo, me quité la roja y me puse la de MUSE.



Esta iba ser mi tercera cita en directo con MUSE, atrás quedaba ya ese concierto en la Riviera, hace casi 10 años, de tres jovencitos que hacían prácticamente punk, esos tres jovencitos hoy iban a llenar el Calderón, algo a lo que solo están acostumbrados vacas sagradas como U2, Madonna o los Rolling Stones. Mucho ha cambiado MUSE desde entonces, sus discos, pese a quien le pese han ido empeorando con el paso del tiempo, puede que hayan crecido como músicos y sus directos sean mucho más completos que antes, pero poco tiene que ver este The Resistance con una joya musical como Origin of Simmetry.

Ahora son mediáticos, muy mediáticos, demasiado mediáticos, y esto como todo en esta vida tiene su parte buena y su parte mala, ahora las gradas están llenas de gente que jamás pensarías que han escuchado como suena una guitarra eléctrica pero cantan Plug in Baby como si les fuese la vida en ello, hacen canciones para las películas más taquilleras, llenan estadios por todo el mundo y sobre todo montan espectáculos musicales como el que montaron el pasado mes de Noviembre en el Palacio de los Deportes de Madrid y como el que todos esperábamos que montasen en el Vicente Calderón.

Como todo lo bueno, se hizo esperar, mientras tanto, resistimos como pudimos a The Big Pink, que solo consiguieron que 4 o 5 personas levantasen los brazos con Dominos, una buena canción, y disfrutamos muy mucho con la voz personalísima de Tom Smith y sus Editors que dejaron claro que están para torear en plazas mayores y no conformarse con ser teloneros de nadie y deleitaron al cada vez más numeroso público con todo su mejor repertorio, destacando Papillon, An end has a start o Smokers outside the hospital doors.

El espectáculo comenzó exactamente a las 22:15, noche cerrada sobre Madrid con un cielo que había aguantado y resistido sin descargar agua gracias a todos los rezos y plegarias que llevábamos haciendo desde que nos levantamos por la mañana. El macro escenario, un engendro a mitad de camino entre un templo y una quilla de barco, comenzó poco a poco a iluminarse, decenas de personas salieron de detrás del escenario portando banderas simulando una especie de manifestación antiglobalización, y de pronto… empezó a sonar el Uprising, había comenzado el concierto.



Con la tremenda duda de no saber qué hacer, si cantar y saltar o seguir mirando la excepcional combinación de luces, pantallas y focos, el aire marcial de Uprising consiguió que nos metiéramos de lleno en el concierto y sin apenas tiempo para respirar los trallazos se fueron sucediendo y un público cada vez mas entregado disfrutó con clásicos de los de Devon como New Born, Supermassive Black Hole o la excepcional Map of the Problematique.

Es perfectamente entendible la inclusión de Neutron Star Collision en el setlist, es su última canción perteneciente a la banda sonora de Eclipse y están en plena promoción, pero sumada a la insulsa Guiding Light, a pesar de recordarme a Vienna de Ultravox, nos dejó a todos un pelín fríos. Era el momento de subir la temperatura, era el momento de la Hysteria colectiva, era el momento del bajo distorsionado de Chris Wolstenholme, era el momento de botar en la pista y de que los que estaban en las gradas se levantasen definitivamente de las sillas y no se volvieran a sentar en todo el concierto.

Llegado a este punto ya teníamos todos claro que Matt Bellamy tiene un talento descomunal, su voz, prácticamente perfecta durante todo el concierto, y el hecho de hacer absolutamente lo que quiere con cualquiera de las 6 o 7 guitarras que sacó, no es suficiente para un genio que cogió la banqueta y se sentó al piano para interpretar, y de qué forma, ese tema con aires de Queen llamado United States of Eurasia, y sobre todo para bordar megáfono en mano el Feeling Good. Sin lugar a dudas uno de los momentos álgidos de la noche.

Si después de casi una hora no habíamos alucinado lo suficiente con el espectáculo musical y visual, una plataforma móvil salió de no sé donde para que primero Chris y Dominic nos deleitaran con un jam repleto de fuerza y ritmo, sensacional el detalle de la batería iluminada, y para que más tarde se sumase Matt para interpretar el tan querido y odiado a partes iguales “Undisclosed desires”, boquitas abiertas y ojos como platos una vez más.

Una intro con The House of the Rising Sun de los Animals dió paso a los últimos 4 temas del concierto antes de los bises, Resistance, que no sonó como en el mes de Noviembre, Time is Running Out, Unnatural selection y Starlight, esta última de las más esperadas de la noche, hay que ver lo bien que suena esta canción en directo y lo emotiva que la hacen las palmas del público. Momentazo y despedida de mentirijilla porque todavía quedaban muchísimas cosas más.

Y es que las principales sorpresas del concierto estaban en estos dos bises, seis canciones mas, Unintended, que estuvo acompañado por los móviles y mecheros de todo el estadio, Exogenesis Part1, una canción que en un concierto quizás se queda descolgada, a no ser que se te ocurra sacar un platillo volante y una trapecista haciendo equilibrios a 30 metros de altura… sin palabras, la siempre poderosa Stockolm Syndrom, Take a bow y el traje de luces de Matt Bellamy, y no me refiero a que fuese vestido de torero, y posiblemente junto con Starlight las dos canciones que todo el mundo esperaba que llegasen, Plug in baby y esa obra de arte que es Knights of Cydonia, con la intro del Man with the Harmonica de Morricone, una canción más dentro del Black Holes and Revelations pero la canción que representa a MUSE en su estado más puro, en directo, una perfecta canción de estadio que desató la locura definitivamente si es que alguien no estaba ya desatado por completo.

Mas de dos horas de puro espectáculo, de talento, de luces y sobre todo de música, porque que a nadie se le olvide que detrás de todas esas pantallas, focos, plataformas, platillos volantes y trajes de luces hay dos excelentes músicos y un tercero cercano a la genialidad. Son muchos los críticos que dicen que el señor Bellamy se ríe de nosotros, sus fans, que hace lo que quiere y como quiere, que se le perdona todo y que es un ególatra con un problema terrible de Megalomanía, gran canción por cierto, pues posiblemente, ¿y que? Yo solo se la cara de tonto con la que salí del Calderón, el dolor de mandíbula que tenía de cantar y tener la boca abierta y el bajón que tenía al día siguiente del concierto, y eso no me lo pueden quitar ni los críticos ni el supuesto egocentrismo del Señor Bellamy. Un concierto memorable, posiblemente de los mejores que he visto en mi vida y de los mejores que veré… seguramente hasta la siguiente gira de MUSE.

martes, 18 de mayo de 2010

Juntos y perfectamente revueltos

A finales de los años 60 y principio de los 70 el productor musical Robert Stigwood, artífice entre otros de películas como Grease, Tommy o Jesuscristo Superstar, puso de moda el concepto de “supergrupo”, entendiéndose este como la unión de importantes músicos procedentes de distintas bandas, de aquella época los más destacados fueron Humble Pie o Cream, esta última con un joven guitarrista llamado Eric Clapton procedente de los míticos Yardbirds. En los últimos años el concepto de “supergrupo” ha desaparecido, y solamente tenemos las referencias de bandas como Audioslave, con Chris Cornell y Tom Morello, o Them Crooked Vultures, con dos pesos pesados como Dave Grohl y Josh Homme.

El grupo al que hoy le damos un repaso se puede considerar un "supergrupo" a la antigua usanza o más bien un "superduo". Broken Bells es el nombre elegido para la unión de dos excelentes músicos, uno de ellos más centrado en labores de producción, como es el caso del neoyorkino Brian Burton, conocido como Danger Mouse y reconocido como mejor productor de la década según la revista Paste, y el otro James Mercer, con una dilatada carrera como guitarrista y voz de la banda de Alburquerque, The Shins, una de las bandas más representativas del panorama indie de los estados Unidos en la última década.



Mercer y Burton se conocieron en un festival de verano en Copenhague allá por el 2004, y ambos se manifestaron admiración mutua desde el primer momento, lo que alimento la idea de colaborar de una u otra forma en un proyecto conjunto. Desde ese momento y hasta 2008 que fue cuando comenzó en serio el proyecto Broken Bells, las carreras de ambos han sido bien distintas. Brian Burton ha producido, entre otros, los discos de Beck o Gorillaz y sobre todo acaparó en 2007 las listas de éxitos y todos los premios posibles, entre ellos 5 grammys, con Gnarls Barkley y su aclamadísimo "Crazy", por otro lado, el futuro de Mercer y sus Shins ha sido más bien incierto en los últimos años, por lo que el nuevo proyecto llegaba en el momento idóneo para ambos.

Los dos pretendieron desde el primer momento que Broken Bells no tuviese nada que ver con sus carreras anteriores, Burton dejó a un lado la producción para centrarse en el aspecto musical puro y duro, componiendo y tocando el órgano, el bajo y la batería en todos los cortes del disco y Mercer amplía, su ya de por si amplísimo registro vocal, con el uso del falsete y unos tonos mucho más graves que los que solía utilizar con su banda. El resultado es un disco homónimo de 10 canciones y solo 36 minutos, que son suficientes para dejar un excelente sabor de boca.

El hecho de ser una formación nueva, lejos de cualquier etiqueta previa, ha llevado a Broken Bells a trabajar de una forma muy cómoda, experimentando, innovando, dando rienda suelta a todo su talento, sin preocuparse por ser fieles a unas señas de identidad que los grupos se ganan a base de años y discos. Han conseguido un sonido característico, sin saber de quién de los dos tienen más influencias, ya que son muchas las canciones en las que se nota la mano de Burton, pero la voz y el buen hacer de Mercer hacen que en muchas ocasiones nos recuerden a su banda. Un entente cordial y una química perfecta entre ambos que se nota a lo largo de todo el disco.

¿Y que se puede escuchar en un disco en el que han participado al 50% un DJ y un cantante de pop-folk? Pues 10 piezas de pop sin más pretensiones, todas ellas cuidadosamente arregladas y con la tranquilidad como denominador común, sin grandes sobresaltos, con influencias muy marcadas, como los sonidos cien por cien reconocibles en los últimos trabajos de Beck o Gorillaz, en los que Danger Mouse era su productor, recuerdos a los primeros discos de los Shins, melodías y coros a lo Beach Boys, pinceladas de The Cure, de Blondie e incluso de Ennio Morricone y el más puro spaguetti western en el tema “Mongrel Heart”, como se puede comprobar, un abanico bastante amplio de sonidos.

La tarjeta de presentación y single de debut es "The High Road" una excelente canción, suena bien y suena distinto, con un inicio marcado por una deliciosa melodía de sintetizador y las palmas que acompañan a la voz de Mercer durante todo el tema. Perfectamente arreglada, con un coro magnifico y un final que me recuerda al Karma Police de Radiohead, y esos son palabras mayores. Un muy buen tema, posiblemente lo mejor del disco.




Personalmente creo que las otras dos grandes canciones de este Broken Bells son "Vaporize" y "The Ghost Inside". La primera de ellas es otra pequeña joya, la canción con mas influencias de los Shins, aunque con mucha más electrónica que en los temas de los de Alburquerque, en la que destaca el maravilloso sonido del organo Hammond y el variadísimo registro de voz de Mercer que lleva la canción a su terreno. La segunda de las dos es la pieza mas popera del disco, de nuevo Mercer juega con su registro vocal y tira de falsete para recordarnos a Prince en un tema diferente al resto de canciones del disco, posiblemente sea el tema más electrónico, pero que solventan con una nota altísima.

La neo-psicodelia y los sonidos más sesenteros no podían faltar en un disco tan variopinto como el de Broken Bells, quizás donde más se dejan notar es en el tema Your Head is on fire", donde los sempiternos Beach Boys y sus coros a lo Good Vibrations hacen acto de presencia.

Del resto del disco mucho a destacar, el piano en "October", los ramalazos de pop ochentero y chamber pop de los dos últimos cortes del disco "The Mall and the Misery" y "Mongrel Heart", este ultimo incluso con un guiño a Ennio Morricone y a las bandas sonoras de los típicos westerns americanos, y en general la delicadeza y a la vez contundencia con la que están ejecutadas todas las canciones del disco, algo que viniendo de quien viene es algo que se podía presagiar pero que queda perfectamente corroborado una vez escuchado el disco al completo.

Dicen que las mezclas no son buenas, pero cuando dos grandes artistas se juntan, a pesar de que sean de estilos diametralmente opuestos, es muy fácil que la cosa funcione, mucho más si entre los dos existe buena química como parece que existe en el caso de Broken Bells y sobre todo si los dos tienen esa palabra tan difícil de encontrar en la música actual… talento. Desconocemos si Broken Bells es un paréntesis en las carreras de estos dos grandes artistas o si por el contrario el buen resultado conseguido con este disco les servirá para continuar con su trabajo conjunto, sea cual sea la decisión que tomen Burton y Mercer nos quedará un más que variado y buen catalogo de canciones para recordarlos. Mientras tanto... a disfrutar.

martes, 13 de abril de 2010

Se ruega no molestar... Genios tabajando

El 2010 es un año cargadito de novedades musicales, son muchos los grupos que han elegido el presente año para presentar sus nuevos trabajos. Entre todos ellos había dos lanzamientos que esperaba y espero con más ganas que el resto, uno de ellos, el nuevo disco de Coldplay, que apuntan a que saldrá a finales de año, por lo que Chris Martin y sus chicos se harán un poquito de rogar, pero el otro ha salido antes de lo previsto, y no me refiero a que la fecha de su lanzamiento se haya adelantado, puesto que Sony la había fijado para el 13 de Abril, sino a que alguien filtró por la red el nuevo y esperadísimo trabajo de los neoyorkinos MGMT que nos han vuelto a sorprender con "Congratulations".



Después de que estos chicos de Brooklyn arrasasen en 2008, tanto en crítica como en ventas, con su "Oracullar Spectacular", para mi uno de los mejores discos de los últimos años, el nuevo trabajo de estos dos genios se hacía esperar con inquietud. En su primer trabajo dejaron claro que están fuera de toda corriente musical, o al menos es lo que pretenden, hacen lo que les da la gana, como les da la gana y cuando les da la gana y parece que no lo hacen nada mal, sino ¿cómo explicar que dos chavales de 20 años con apenas 10 canciones compuestas, un único disco, y un estilo de música poco convencional, firmen por una multinacional como Sony?

¿Las razones?, muy claras, en el Oracular Spectacular hay autenticas maravillas, canciones excelsas, joyas, obras de arte tales como "Weekend Wars" o "Time to pretend" y pelotazos comerciales como "Electric Feel" o "Kids" que han sonado hasta la saciedad en las pistas de medio mundo, por lo que Sony no dudo en convertirlos en millonarios de la noche a la mañana. El hipnótico sonido de las cajas registradoras impidió a la multinacional japonesa darse cuenta de que fichar a dos personajes como Ben Goldwasser y Andrew VanWyngarden más que un acierto, que lo es, algunas veces puede convertirse en un terrible dolor de cabeza.

Dos años después de su primer trabajo, comenzaron a preparar su segundo álbum de estudio y aquí empezaron los nervios de la compañía. Ben y Andrew estaban dispuestos a ir todavía más allá, y si en Oracullar Spectacular habían hecho lo que les había dado la gana, en este Congratulations iban a hacerlo mucho mas, eso sí, esta vez había notables diferencias, y es que tras escuchar el disco una y otra vez, los gurús de Sony se dieron cuenta de que en este disco no había ningún "Kids", ni ningún "Time to pretend", y las compañías muchas veces no entienden de talento… solo entienden de ventas.

Y es que "Congatulations" no tiene un sencillo claro, ni una canción que pueda funcionar bien en las listas de éxitos, pero es talento puro y duro. Es la confirmación de que MGMT son buenos, muy buenos, y que su anterior disco no era un bluff, son un grupo asentado, que enganchará a nuevos seguidores aunque a los quinceañeros de flequillo largo y vaqueros de colores no les haga mucha gracia no encontrar ningún "Kids" con el que puedan bailar el sábado en la disco, y pasarán por alto las influencias de Brian Wilson y los Beach Boys, los coros a lo Rocky Horror o el maravilloso sonido del órgano hammond… como diría José Mota "las gallinas que entran por las que van saliendo".

Para la parte técnica del disco han contado con la ayuda de Peter Kember, músico británico miembro de Spacemen 3, uno de los grupos más relevantes de la psicodelia ochentera, aunque han sido ellos mismos los que han llevado el peso de la producción. Congratulations es un disco excelentemente producido, sorprendentemente producido diría yo, con miles de matices sesenteros, setenteros, poperos, discotequeros, barrocos, psicodélicos, electrónicos… un amplísimo abanico de estilos que hacen que sea una delicia sentarse a escucharlo de la primera a la última canción. Eso sí, es un disco de varias escuchas, son tantos los matices y detalles que en una primera pasada no se puede apreciar la calidad del mismo.

Solo hace falta escuchar la primera canción del disco, "It’s working", para darse cuenta de que aquí algo ha cambiado, incluso ellos mismos tienen dudas de si este cambio de registro funcionará "how will I know if it’s working?" pues claro que funciona!! Un corte redondo que empieza sonando a post-punk británico y acaba recordando al Odessey&Oracle de The Zombies, alguien que se atreva a hacer eso tiene que rebosar talento por los cuatro costados.

Siguen sorprendiéndonos con el segundo de los cortes del disco, "Song For Dan Treacy", esta vez le toca el turno a sonidos más setenteros, sonidos reconocibles que nos recuerdan a la Velvet Underground o a Ray Davies y sus Kinks de principios de los 70. Aparecen los primeros ramalazos de psicodelia, sobre todo con el maravilloso sonido del órgano, excelentes también la batería y el bajo que consiguen una excelente base para el que posiblemente es el corte más rítmico y pegadizo de todo el disco.

Un pequeño descanso con "Someone’s missing", pequeño por la duración del corte, solo 2:30 y descanso porque es un tema mucho más lento que los que abren el disco. La voz de VanWyngarden nos sumerge en un universo cargado de psicodelia, muy al estilo del White Rabbit de Jefferson Airplane, pero en falsete y no con la voz grave de Grace Slick, para un tema que va in crescendo hasta acabar con un final puro funky, excepcional, y que no pega nada con el principio de la canción. Genios.

El primero de los no-singles que tiene Congratulations es "Flash Delirium", pese a ser la primera canción del disco que salió a la luz y tener video oficial, no sigue el patrón del típico single. Una canción sin estribillo, que va subiendo a medida que avanza la canción, con un principio en el que parece que es el mismísimo David Bowie el que canta, acompañado al órgano por OMD, maravilloso. Infinitos cambios de ritmos, coros sacados del Rocky Horror Picture Show y melodías al más puro estilo del Pet Sounds de los Beach Boys redondean una canción excelente y que solo unos pocos elegidos se pueden atrever a componer.



"I Found a Whistle" es la canción más melódica del disco, es una canción que tiene que sonar estupendamente solo con la guitarra acústica, aunque en la versión del disco han decidido darle un aire mucho mas psicodélico con ese sonido maravilloso del órgano y esa especie de zumbido que acompaña a la canción desde el principio. Como casi todo el disco, genial.

La canción donde realmente nos podemos hacer una idea del talento de MGMT es en la larguísima y épica "Siberian Breaks", 12 deliciosos minutos de canción, aunque realmente podemos decir que son 4 o 5 canciones totalmente distintas unidas, hasta tal punto que varias veces parece que empieza una canción nueva. Es la canción donde mejor se aprecian las influencias de la música de los 60, una oda a los años y el sonido de la era de la paz y del amor, al flower power, con maravillosas armonías vocales y un final cargado de psicodelia. Genial en todas sus partes, sobre todo en la primera, sonido california cien por cien puro The Association, y en ese final, menos sesentero pero sensacional, de rock progresivo.

"Brian Eno" es la canción con mas pinta de single de todo el disco. Es un claro homenaje a uno de los gurús de la música de los últimos 30 años, el productor Brian Eno. Es otra de las piezas más rítmicas del disco, esta si tiene una estructura clara de single con un estribillo bien definido. Ritmo machacón mezcla de Krautrock y Surf, un genial riff de guitarra entre estrofas, unos coros desenfadados y una parte central a ritmo de swing son las cosas más destacables de este gran tema. De la letra…mejor no hablar.

La única pieza instrumental de este Congratulations es "Lady Dada’s Nightmare", personalmente es la que menos me gusta del disco. Tiene un titulo sospechoso, y ese Lady Dada tiene toda la pinta de tener algo que ver con la señorita que canta, o al menos lo intenta, el "Poker Face". En algunos momentos, sobre todo al principio de la canción, me suena a banda sonora de película de Antena 3 a las 4 de la tarde, con una especie de aullidos de gato y un final que aunque arregla un poco el resto de la canción, no consiguen que termine de gustarme, resumiendo, me parece prescindible.

El disco se cierra con la canción que le da título, "Congratulations". Otra canción lenta, melosa, de nuevo con la guitarra acústica como protagonista y el sonido de la pandereta. Una canción que recuerda, y mucho, a "The Handshake" de su primer disco y que finaliza con unos aplausos, los mismos que les hubiera dado yo si los hubiese tenido delante, porque este Congratulations es para aplaudir.

Si me hubieseis visto la cara la primera vez que escuché el disco, o la que tengo ahora según escribo este artículo, os daríais cuenta de que me gustan y mucho. Creo que aúnan todo lo necesario para convertirse en un grupo de culto, canciones muy cuidadas y con influencias de los grandes de la música, de cualquier década pero grandes. MGMT tienen claro lo que quieren hacer, y creo que van a seguir haciéndolo en sus próximos trabajos. Actualmente son los alumnos más aventajados de la música indie, si es que se puede ser indie y pertenecer a Sony, y a diferencia de otros "genios", como los sobrevaloradísimos Animal Collective, su música es mucho más tangible y cercana. Estoy seguro que va a ser uno de los discos del año, mas para la crítica especializada que para las listas de éxitos, a mí ya me ha ganado, por eso solo tengo una palabra que decir a estos dos genios… Congratulations.

lunes, 5 de abril de 2010

El tiempo pone a cada uno en su lugar...

Que "Los viejos rockeros nunca mueren" es una frase que gente con una longevísima actividad musical como los Rolling Stones, Bruce Springsteen, Neil Young o muchos otros sesentones, que todavía siguen dándolo todo por esos escenarios del mundo, nos han demostrado que es absolutamente cierta. Pero no solo son los viejos rockeros los únicos que no mueren, "Los viejos britpoperos" tampoco. Es el caso de los cincuentones Ocean Colour Scene que 20 años después de su formación siguen sacando discos de gran calidad como el que nos ocupa hoy, el recién publicado Saturday.



La banda de Simon Fowler y Steve Craddock se formó en Birmingham en 1990, aunque no fue hasta 1992 cuando publicaron su primer disco y hasta 1995 cuando adquirieron fama internacional, cuando su disco Moseley Shoals alcanzó el número dos en las listas de álbumes más vendidos del Reino Unido. Fama que se vio consolidada un año más tarde con su tercer disco, Marchin’ Already, hasta hoy el único disco del grupo que ha conseguido alcanzar la primera posición de las listas británicas, coincidiendo con el punto más álgido del Britpop en Europa.

Ocean Colour Scene, OCS como se les conoce normalmente, vivieron esa explosión, a pesar de una cierta notoriedad tanto en críticas como en ventas, siempre en un segundo plano, a la sombra de los dos grandes grupos que capitalizaron la corriente Britpop de la década de los 90, Oasis y Blur. Musicalmente no tenían nada que envidiar a ninguno de los dos, pero mediáticamente no tenían nada que ver, vendía mucho más las rivalidad de Albarn y los Gallagher, que cuatro chicos de Birmingham que no se metían con nadie, por lo que siempre fueron tratados con cierta dejadez, cierto desdén, circunstancia que lejos de afectarles les espoleó para sacar todo el partido posible a ese papel de segundones. La prueba más evidente es que siguen en el panorama musical, con más o menos éxito, cuando la mayor parte de aquellos grupos pertenecientes al Britpop desaparecieron.

Si algo distinguía a OCS del resto de grupos de su época era el gusto por la música americana, el soul, el rythm and blues y la música negra en general. Con cada uno de sus discos fueron capaces de evolucionar del típico sonido Madchester, tan habitual a principios de los 90, hasta un sonido mucho más personal, mucho más intimo, lejos de encasillamientos o etiquetas, tan habituales entre sus coetáneos, un sonido ligeramente descarriado de la música que se hacía en las islas en aquel momento, eso sí, sin renunciar a sus influencias, los principales grupos de la british invasión y el pop de los 60, The Who, The Kinks, Small Faces o los propios Beatles, pero con ramalazos de otros artistas menos "poperos" como Steve Winwood y la Spencer Davis Group o Paul Weller y The Jam.

Supongo que a estas alturas de la película, con más de 20 años de carrera y 9 discos de estudio a sus espaldas, OCS no pretende con su último trabajo convertirse en un fenómeno fan ni alcanzar las primeras posiciones en las listas de ventas, aun así este Saturday es un excelente trabajo, de lo más destacable de su carrera, lejos de los discos de la segunda mitad de los 90, pero posiblemente lo mejor que han hecho en los últimos años. Y es que aunque resulte paradójico no es tan difícil hacer un buen disco, sobre todo cuando se es buen músico y se tiene talento suficiente, y esto último les sobra a los chicos de OCS.

Para la producción de este Saturday han contado con uno de los productores más de moda en el panorama musical, Gavin Monaghan, responsable entre otros del sonido de dos de los grupos del momento, Editors y los americanos Kings of Leon, estos últimos, auténticos triunfadores de la pasada edición de los premios Grammy, donde se llevaron el máximo galardón. Este "Saturday" es sin lugar a dudas un disco excelentemente producido y que pese a llevar un ligero barniz de modernidad y de experimentar un pequeño cambio, debido sobre todo a su productor, mantiene el sonido característico y genuino de los de Birmingham de anteriores trabajos.

El disco comienza prácticamente a ritmo de pasodoble, con "100 Floors of Perception", pero tranquilos que son solo los primeros compases, pronto empiezan a aparecer sonidos reconocibles, un guiño a una de sus mejores canciones "Hundred Mile High City" y el sonido hipnótico del órgano que nos recuerda, y de qué manera, al "Baba O’Riley" de The Who. En definitiva, la mejor tarjeta de presentación para abrir este disco y toda una declaración de intenciones de lo que nos vamos a encontrar en el resto de cortes.

"Mrs Mayle" es otro trallazo, con dos partes bien definidas, una primera parte mucho mas soulera, con el empaque y la importancia que le proporcionan el sonido del piano y de las guitarras distorsionadas de Steve Craddock, y otra parte mucho más pop, mas folk incluso, muy al estilo de The Beatles en Rubber Soul o Revolver, un medio tiempo tranquilo y sosegado en el que destacan como siempre el sonido de las guitarras, esta vez acústicas, y una especie de bandurria o mandolina.

El tercer corte es el que da título al disco, "Saturday", una buena canción en la que sobresale la sección de viento-metal, que apoya al estribillo, y el piano, demostrando una vez mas que se mueven como pez en el agua entre melodías soul o rythm & blues. A mí personalmente no me termina de convencer el coro de fondo, demasiado ñoño, aun así no molesta en exceso. Una buena canción, sin más, pero lejos de las dos primeras que abren el disco.

Son varias las canciones de este "Saturday" que repiten la formula que tan bien les funciono en sus discos anteriores, "Just a Little bit of Love", "Harry Kidnap", "The Word" o "Fell in love on the street again" son todas canciones que podían aparecer en cualquiera de los discos de sus primeros años. Cada una con sus particularidades pero todas ellas son medios tiempos con ese aire intimista y melancólico tan característico, con arreglos orquestales, en casi todas ellas destacan los violines, y sobre todo, hechas a medida para la voz de Simon Fowler, que en este tipo de temas se maneja a la perfección y demuestra sus excelentes cualidades vocales. ¿Para qué cambiar algo que lleva 20 años funcionando?

Guiño a una de sus mayores influencias, Paul Weller y The Jam, en el tema "Old Pair of Jeans", una de mis preferidas del disco, uno de los temas más potentes de este trabajo, sonido de big band, soul elegante salpicado con rythm & blues, donde no faltan la sección de viento-metal, el piano y el coro femenino que está vez no sobra. Una vuelta de tuerca a su sonido, porque a pesar de ser un tema con tintes soul, no se parece a nada de lo que habían hecho anteriormente… y suena estupendamente.

La melodía de "Sing children sing" es reconocible 100%, suena a Ocean Colour Scene, a discos anteriores, pero esa "especie" de coro góspel la hace distinta, es una prueba más de lo que es este disco, sus sonidos y melodías de siempre pero adaptadas y modernizadas.

El primero de los singles, y otra de las grandes canciones de este Saturday es "Magic Carpet Days", quizás la canción con mas influencias del pop sesentero, perfecto el contrapunto del coro dulce del principio y el riff de mandolina, con el sonido mucho más rudo de las guitarras eléctricas en el estribillo. Un estribillo que se clava y que consigue que estés un buen rato tarareando. Otra de las canciones que nos demuestran que siguen estando en plena forma.



"Village Life" sigue la misma línea de esos temas en medios tiempos con cierto aire nostálgico, pero quizás esta es mucho mas folk que las anteriores, no tiene arreglos orquestales, y la guitarra acústica, la mandolina, tan utilizada en este Saturday, y un lejano sonido de acordeón llevan todo el peso de la canción. Los coros y la potente voz de Simon Fowler hacen el resto.

Pero no todo iban a ser buenas palabras y halagos para este Saturday, "Postal" sobra. No solo sobra, es que no llego a entender como han sido capaces de grabarla. Utilizando un poco la lógica puedo llegar a pensar que su productor tiene mucho que ver en ello, pero supongo que les habrá servido de experiencia para saber en qué tipo de canciones se encuentran desubicados. No digo que sea una mala canción, simplemente creo que no es el tipo de canción que ellos quieren interpretar. No pasa nada, es perdonable, una mala noche la tiene cualquiera.

"What’s mine is yours" es un curioso homenaje a otra de sus mayores influencias, The Beatles, en este caso al sonido de la última época de los de Liverpool, con un principio parecido al Honey Pie del álbum blanco, con el sonido del clarinete y del piano muy años 20, con la voz principal distorsionada como salida de un gramófono, y con una parte central interpretada a dos voces y unos coros que nos recuerdan a muchas de las canciones del propio álbum blanco o del Magical Mistery Tour.

El disco se cierra con "Rockfield", canción homenaje a los estudios de grabación donde se ha realizado el disco. El tema tiene ciertos toques orientales con el sonido de fondo de un shitar, instrumento hindú muy utilizado en la segunda mitad de los 60 por los Beatles, una muestra más de su influencia en el sonido de la banda, y que cierra el disco de una manera bastante digna.

Una de las muchas cosas buenas que tienen OCS es que en cada uno de sus trabajos se percibe que disfrutan con esto, y este Saturday es una prueba fehaciente de ello. Lejos de acomodarse han buscado nuevos sonidos sin renunciar a los que les hicieron famosos, sin renunciar a sus señas de identidad, pero siendo conscientes de que la evolución en el sonido de una banda es lo que la hace mantenerse viva. Quizás no fueron el grupo más representativo del britpop, pero si crecieron como banda en aquella época, veinte años después un nuevo y excelente trabajo sirve para demostrarnos que el britpop no estaba muerto… simplemente estaba descansando.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Bendita comercialidad

¿¿Biffy que?? Eso fue exactamente lo que pensé cuando leí hace apenas unos meses que los teloneros del concierto de Muse iban a ser los escoceses Biffy Clyro. Hasta ese día no había escuchado absolutamente nada de ellos, y eso que el disco al que hoy le sacamos las tripas, es su 5º trabajo, pero me extrañaba que un grupo como Muse, que cuida tanto sus directos, escogiese a "unos mantas" como teloneros de su gira Europea. Como suele ser habitual en estos casos me encomendé a los dos santos que suelen ayudarme en estas situaciones: San Google y San Youtube.



San Google me mostró el camino, Biffy Clyro son un grupo procedente de Escocia formado por el cantante y guitarrista Simon Neill y los hermanos gemelos Ben y James Johnston, que acababan de sacar nuevo disco, de titulo "Only Revolutions", y que su anterior disco "Puzzle" del año 2007 había obtenido unas excelentes críticas tanto de la prensa como del público. Pero el que verdaderamente me abrió los ojos fue San Youtube, ya que tuve la buena o mala suerte, según se mire, de elegir, entre los muchos videos que había, el de la canción "Many of Horrors", perteneciente a su último trabajo, y tengo que reconocer que me quedé asombrado.

Tras escucharla varias veces pensé: "estos tíos no pueden ser así de buenos", porque si todas eran de esa calidad o similar, me hubiese parecido un autentico pecado no haber sabido nada de ellos anteriormente. Tras descargarme el disco (prometo que no lo volveré a hacer) y después de escucharlo entero de una sentada, me llevé la pequeña decepción de que todas las canciones no eran tan espectaculares como "Many of Horror", pero también tuve la grata sorpresa de haber descubierto un extraordinario disco de un grupo, hasta ese momento desconocido para mi, con 6 o 7 canciones extraordinarias, sin lugar a dudas, de lo mejor que había escuchado en el ya lejano 2009.

Creo que la principal razón por la que no conocía a Biffy Clyro es porque no encaja perfectamente dentro de mis preferencias musicales. Después de escuchar sus primeros discos me doy cuenta que su sonido era mucho mas… digamos duro, de lo que estoy acostumbrado a escuchar. Aunque podemos encuadrarlos dentro de la mal llamada música "alternativa", donde prácticamente cabe todo el mundo, su rock alternativo estaba, hasta este disco, mucho más cerca del punk que del pop. En este último disco se han "suavizado", algo que a los que siguen su carrera desde los inicios, no ha sentado del todo bien, dicen que han perdido su frescura, su agresividad, su capacidad de impresionar, sus poderosísimos riffs de guitarra, que este no es el disco mas indicado para descubrirlos… a mi, por lo menos, me ha parecido mucho mas accesible que los anteriores, y por supuesto, una autentica delicia.

Biffy Clyro suenan en algunos momentos demasiado densos, pesa muy mucho su anterior etapa más heavy, de la que no consiguen sacudirse por completo, en algunos momentos con un parecido más que reconocible a Metallica. En su versión mas Light nos recuerdan a grupos como Foo Fighters o Weezer, de los que se declaran admiradores, con una facilidad pasmosa para construir excelentes melodías la mayoría de ellas apoyadas en sus tres instrumentos principales: guitarra, bajo y batería. Para grabar "Only Revolutions" eligieron al productor Garth Richardson y sobre todo a David Campbell, padre de Beck, un genio musical que en este trabajo ha sido el encargado de los excelentes arreglos orquestales, posiblemente una de las principales razones que han hecho que me enganchase a este disco, y que le proporcionan el carácter y el empaque suficiente para catalogarlo como discazo.

Tuve la "suerte", ente comillas, de verlos en directo como teloneros de Muse, y entrecomillo la palabra "suerte" porque los escoceses sufrieron una vez mas el conocido "síndrome del telonero", cuyos síntomas se caracterizan por un sonido mas bien defectuoso y porque el 95% de los asistentes están mas pendientes de que empiece el concierto y de apurar los últimos litros, que de prestar la mas mínima atención a quien está encima del escenario. Aun así, sorprendieron a todos con una rotunda puesta en escena y con varios temas guitarreros que dejaban claro que Biffy Clyro es un grupo a tener en cuenta, y prueba de ello es este "Only Revolutions".

El comienzo del disco es espectacular, con tres temas súper intensos y de excelente calidad que ponen el listón muy alto para el resto de composiciones. La primera de ellas, y segundo single, es "The Captain", un tema que sería una típica pieza rock si no fuese por los arreglos circenses, basados sobre todo en las trompetas, que le proporcionan una atmosfera muy lograda. "The Captain" es el primero de los grandes aciertos de David Campbell en cuanto a arreglos orquestales se refiere.

El primero de los singles extraídos de "Only Revolutions" es "That Golden Rule", posiblemente la canción mas Biffy Clyro del disco, la que más se parece a sus trabajos anteriores, donde destaca el sonido poderoso de la guitarra eléctrica y la voz desgarrada de Simon Neill. Los dos últimos minutos de esta canción son sin lugar a duda de lo mejor de todo el disco, la comunión establecida entre bajo, batería y guitarra con los violines y violonchelos es perfecta, un final muy del estilo de las composiciones que David Campbell realizó anteriormente con grupos como Metallica.

Cierra este terceto, "Bubbles", otro magnifico tema, mucho más lento que el anterior pero con varios cambios de ritmo, y sobre todo, un estribillo genial cantado en falsete a dos voces y un sensacional riff de guitarra. Con otro final para enmarcar, donde destaca el solo de guitarra realizado por Josh Homme, líder de Queens of the Stone Age, excepcional guitarrista y actualmente, uno de los gurús de la música alternativa, productor entre otros de "Humbug" el último trabajo de Arctic Monkeys.

Después del enérgico comienzo del disco, "God & Satan", viene que ni pintada para calmar los ánimos. Es la primera de las baladas del disco, con un comienzo basado en la guitarra acústica acompañando a la voz de Simon Neill, aunque a medida que avanza la canción van incorporándose el resto de instrumentos. Como todo el disco, esta magistralmente arreglada destacando las trompetas y el sonido de campanillas y triángulos.

"Born on a horse" es la rara de Only Revolutions, no suena parecida a ninguna otra, el sonido potente de guitarra aparece solamente en la parte final de la canción, siendo la batería y un maravilloso zumbido de sintetizador los que llevan el peso durante la mayor parte del tema. Es una de mis favoritas del disco, suena distinta, mas rítmica, mas funky, lo que demuestra la polivalencia de Simon Neill como compositor y Biffy Clyro como grupo.

Posiblemente "Mountains" sea la mejor canción de todo este disco, a pesar de que en principio no iba a formar parte del mismo. Es una excepcional canción en la que se mezclan influencias que van desde el rock progresivo hasta el pop. Una canción que golpea desde las primeras notas de piano y que va creciendo y creciendo hasta el final de la misma. Un himno en toda regla, la canción en la que mejor suena la voz de Simon Neill y toda una declaración de intenciones de hasta donde pueden llegar estos escoceses.



"Shock, shock, shock" es un tema rock, ni mas ni menos, nada de arreglos orquestales, ni violines, ni trompetas… ni gaitas, únicamente guitarra, bajo y batería, que no es poco, mucho mas en la línea de los discos anteriores. Un tema que suena muy bien pero que se queda corto comparado con la siguiente canción, "Many of Horror", otro de los grandes temas del disco. Un excelente tema en medios tiempos que tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse en un himno. Excelentemente cantado y orquestado, con una maravillosa parte final de violines. Una autentica delicia.

A partir de aquí y hasta el final, el disco pierde un poco de calidad, se convierte en un disco mucho mas convencional, con canciones muy buenas pero, personalmente, creo que menos trabajadas que las de la primera parte de "Only Revolutions". "Boom Blast & Ruin" y "Cloud of Stink" son dos temas guitarreros, mejor el segundo que el primero, seguramente para los fans de sus primeros trabajos serán de lo mejor del disco, a mi me dejan un pelín frío.

"Know your quarry" es de las 3 canciones lentas del disco, la mas flojita, con un cierto ramalazo ochentero. Bien resuelta, pero siempre y cuando no te acuerdes de las 6 o 7 canciones que has escuchado en la primera parte del disco. Un disco que se cierra con "Whorses", la mejor de esta segunda mitad del disco. Una muy buena canción, con un trabajo vocal excelente, tanto solista como de coros, perfectamente llevada por el galopar de la batería y que cumple con las señas de identidad de Biffy Clyro, comienzo tranquilo, ritmo in-crescendo y los omnipresentes riffs poderosos de guitarra, una formula que funciona a la perfección y que remata con nota alta este "Only Revolutions".

Puede ser que con este último trabajo estos tres escoceses hayan renunciado al sonido con el que se formaron como grupo, el simple hecho de suavizar sus composiciones logrará que el disco sea mucho mas accesible para el gran público, pero debemos entender esta comercialidad no como algo negativo, sino todo lo contrario, ya que estamos hablando de un disco tremendamente cuidado y excelentemente producido. Normalmente no ocurre que el hecho de intentar llegar a un público más amplio suponga, como en este caso, reinventar tu sonido y hacer un disco de esta calidad, por lo tanto podemos agradecer a Biffy Clyro esa falta de rotundidad y de contundencia con respecto a discos anteriores. Lo que está claro es que de una forma o de otra, de un estilo de otro, más duros o menos duros, son un grupo que hay que tener muy en cuenta.

viernes, 15 de enero de 2010

Ante ustedes... una obra maestra

En el último artículo de este blog sobre los británicos Kasabian, afirmaba que su último trabajo me parecía un gran disco pero muy lejos de alcanzar el status de obra maestra, y que esto último solo está reservado para unos pocos. Pues bien, hoy tenemos a uno de esos grupos que pueden considerarse como "grandes" de la música moderna y que se encuentran entre "esos pocos" privilegiados capaces de crear una obra maestra, estamos hablando de Love y uno de los discos mas importantes de la historia de la música, un disco que cualquier crítico no dudará en colocarlo entre los mejores de la historia, y que a día de hoy, mas de 40 años después de salir a la luz, es capaz de emocionar, sorprender y entusiasmar a partes iguales… estamos hablando de Forever changes.



Love es uno de los grupos más importantes de la década de los 60, y a pesar de esto, uno de los que pasaron más desapercibidos. Formados en la costa oeste de los Estados Unidos por todo un personaje con mayúsculas, Arthur Lee, siempre se les colgó el cartel de perdedores, quizás porque siempre estuvieron a la sombra de otro de los grandes grupos de la Costa Oeste, The Doors. Y eso que personalmente, creo que la banda de Arthur Lee era mucho mas completa y con más talento que The Doors, pero estos tenían al Señor Morrison, todo un icono mediático, un ídolo de masas y posiblemente el mejor frontman de la historia de la música moderna.

Arthur Lee era un genio, y como todos los grandes genios, tenía una personalidad digamos un tanto particular. Nació en Memphis, pero se trasladó de pequeño a California, donde se convirtió en uno de los primeros hippies negros, toda una rareza. A pesar de estar verdaderamente castigado por los alucinógenos típicos del flower-power californiano, tenía un talento descomunal para la música. Para llevar su talento a la máxima expresión supo rodearse de un excelente grupo de músicos, Brian MacLean a la cabeza, y formar una de las primeras bandas multiétnicas, que le permitieron hacer y deshacer para conseguir un sonido único, basado en múltiples influencias como la emergente psicodelia, el folk y el rock de los sesenta principalmente.

Tras el fracaso en cuanto a ventas de su álbum predecesor "Da Capo", otra joya pero de menos quilates, Arthur Lee recopiló un buen puñado de maravillosas canciones para formar esta obra conceptual denominada "Forever Changes". Con la producción del propio Lee y con múltiples cambios en la formación, el disco se graba en 1967, uno de los años mas importantes de la historia de la música, en el que se graba, por ejemplo, el "Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band" de The Beatles o el año del disco de debut de The Doors. Un año en el que, siempre entre comillas, es "normal" que pasase desapercibido por parte del público y de la prensa, demasiado ocupados con los grandes grupos de la época.

Pero cuando verdaderamente "Forever Changes" ha encontrado su dimensión de obra maestra ha sido con el paso del tiempo. Un trabajo que se ha convertido en imprescindible en cualquier colección de música, repleto de auténticos himnos atemporales, excelentemente producido y arreglado de la primera a la última canción, con una orquestación muy atrevida para la época, introduciendo en algunas de las canciones violines, violonchelos, trompetas y otros instrumentos que hasta ese momento solo se habían atrevido a utilizar en sus discos grupos como The Beatles o The Beach Boys. Eso sin dejar atrás el sonido del rock de los 60, de las guitarras de Jimmy Hendrix o del folk mas limpio de The Byrds. En definitiva… un disco perfecto, tan perfecto, que hasta su portada es una auténtica delicia.

Y que mejor manera de empezar un disco perfecto que con una canción perfecta, "Alone again or", compuesta por Brian MacLean, posiblemente sea la canción más famosa de Love, y sin ninguna duda una de las mejores canciones de los 60. Una balada preciosa, con una letra triste que habla de soledad, que empieza siendo acústica y que se va trasformando en una pieza orquestal maravillosa, destacando sobre todo los coros y el solo de trompeta, algo que hasta ese momento nadie se había atrevido a hacer. Con todos los meritos y honores, una canción que ha pasado a la historia de la música… poco más se puede decir.



Pienso repetir la palabra joya muchas veces, pero es que el disco y las canciones que lo componen lo merecen, como por ejemplo "A house is not a motel", la canción en la que podemos ver al Arthur Lee mas rockero del disco, con un sonido de batería espectacular y con un papel fundamental para la guitarra eléctrica, al mas puro estilo Hendrix, sobre todo en ese extraordinario duelo guitarrero con el que acaba la canción, lo dicho, una auténtica joya.

"Andmoreagain" es otra pieza tranquila, otra balada muy al estilo del "Alone again or" que abre el disco, acústica y con unos excelentes arreglos orquestales, una de las canciones del disco en las que más transmite la voz de Arthur Lee. El bajo es uno de los principales protagonistas de "The daily planet" con un ritmo machacón y con mucha mayor presencia que en temas anteriores, acompañado por la omnipresente guitarra acústica. Es en este tema donde aparecen los primeros trazos de psicodelia.

Brian MacLean firma otra excelente canción con "Old man", una deliciosa balada que tiene la particularidad de ser la única canción de todo el disco que interpreta el propio MacLean, y no Arthur Lee, resolviendo la canción de una manera excelente.

"The red telephone" repite la formula mágica del disco, guitarra acústica y arreglos orquestales, que no por repetida deja de ser sorprendente, esta vez le toca el turno a los violines y violonchelos, con una letra oscura, muy oscura, casi negra, en la que Lee habla de que preferiría estar muerto y un final hipnótico con ese "freedom, freedom" que te atrapa. Otra excelente canción.

La siguiente canción es una de las canciones con el titulo mas largo de la historia de la música, "Maybe the people would be the times or between Clark and Hilldale", y una de mis preferidas del disco, maravillosa de principio a fin, con la guitarra acústica y la trompeta acompañando a Lee durante toda la canción, especialmente en ese "quejido" eterno que deja a Lee prácticamente sin respiración y que la replica de la trompeta lo convierte en uno de los mejores momentos de todo el disco.

El principio de "Live and let live" engaña, empieza mucho mas lenta de lo que luego llega a convertirse, en una de las piezas mas rockeras de este "Forever changes", gracias sobre todo a otro poderosísimo e interminable solo de guitarra, esta vez eléctrica, de John Echols y un final contundente.

"The Good Humor Man He Sees Everything Like This" es un tema tranquilo, con varias partes orquestadas con cierto toque infantil, nostálgico, como si Lee hiciese un guiño a los recuerdos de su infancia. Pero lo verdaderamente destacable de esta canción es su final, actualmente con cds y mp3 sorprende menos, pero en vinilo, el efecto provocado es curiosísimo ya que un desajuste en la orquestación da la sensación de que el disco se ha rayado.

Posiblemente el tema mas folk del disco sea "Bummer in the summer" un tema que habla de desamores veraniegos, que nos recuerda a Dylan y que suena típicamente americano, una vez mas con esa extraordinaria guitarra acústica de fondo.

Y un disco perfecto tiene que acabar con un tema perfecto, la enésima joya de "Forever changes", se trata de "You set the scene", un tema extraordinario que realmente podíamos decir que son dos temas distintos unidos por un bridge instrumental. Un tema en el que destaca la presencia del violonchelo, la perfecta ejecución de Hal Blaine a la batería, el bajo y la trompeta y que remata en un apoteósico final al más puro estilo sinfonía de Beethoven. Un lujazo de canción que invita a volver a escuchar el disco una y otra vez y que cierra ese circulo perfecto llamado "Forever changes" compuesto por 11 temas extraordinarios.

Yo soy un ferviente admirador de la música de los 60, algunos de mis discos preferidos de esa época si puede ser que puedan sonar a "antiguo", aunque personalmente creo que ese es su principal encanto, pero en el caso del disco de Love, es un disco antiguo que no suena a antiguo, al contrario, los 40 años de vida son prácticamente imposibles de percibir, son canciones que nunca pasarán de moda y que perdurarán por siempre. Un disco maravillosamente producido, interpretado, sentido y escuchado. Un disco que sin duda está entre los mejores discos de la historia, este sí, con este no hay dudas, "Forever changes" son palabras mayores, señoras y señores… ante ustedes una obra maestra.

sábado, 2 de enero de 2010

Kasabian por fin suena a Kasabian

Lamentablemente para los que nos gusta la música procedente de las islas británicas, el talento o la calidad de los grupos ingleses en los últimos años es, a mi gusto, bastante mediocre. Salvo algunas, y conocidas por todos, excepciones, parece que nadie da con la formula para hacer, ya no solo buena música, sino algo distinto. Las ideas se han acabado, todo lo que nos llega no deja de ser más de lo mismo, cada día es más complicado que algún grupo tenga la capacidad de sorprendernos.

Kasabian, no son los Beatles, ni los Rolling, por supuesto que no, tampoco van a cambiar la historia de la música, pero si son una de las bandas mas notables del mal llamado “britpop” actual. Los muy puñeteros, tienen la frescura suficiente como para provocarnos cierta “sorpresa” cada vez que escuchamos alguno de sus trabajos. Exactamente esto, sorprenderme, es lo que me ha ocurrido con su último disco, “West Ryder Pauper Lunatic Asylum”, publicado el pasado mes de Julio.



Para los que no conozcáis a Kasabian, este es su tercer trabajo, el primero titulado “Kasabian” fue publicado en 2004 y a día de hoy es considerado uno de los mejores discos de la década por la crítica especializada. Singles como “Club Foot”, “L.S.F.”, “Processed Beats”, “Reason is Treason” o “Cut off” ocuparon los primeros puestos en las listas de éxitos, además, el hecho de acompañar a Oasis en su gira por Europa les proporcionó gran notoriedad entre el público, que confirmaron 2 años mas tarde con su segundo trabajo “Empire”. Las constantes comparaciones de la banda con los grupos creadores del sonido “Madchester”, como Stone Roses o Happy Mondays, o con bandas importantes de los 90 como Primal Scream u Oasis han hecho que cada trabajo de Kasabian sea esperado con impaciencia por crítica y fans.

Antes de que el disco saliese a la luz se podía prever un ligero cambio en el sonido de Kasabian, varias razones apuntalaban esta teoría, la primera, y de mayor peso, es que la dupla compositora de los dos primeros discos formada por Chris Karloff y Sergio Pizzorno se rompió tras la publicación del segundo disco con la marcha de Karloff del grupo, la segunda de las razones, es que el hombre elegido para la producción del disco fue Dan The Automator productor de reconocido prestigio en el mundo del rap y hip-hop responsable, entre otros, de los discos de Gorillaz. Con estos ingredientes se podía esperar que el sonido evolucionase hacía los ritmos bailables, música electrónica, disco-funk, etc. pero sin perder las raíces del grupo: sonido Madchester, psicodelia, potentes riffs de guitarra, en definitiva, sin perder el sonido de sus dos primeros trabajos.

Con “West Ryder Pauper Lunatic Asylum”, Kasabian logra solventar, lo que para mi, era su mayor problema, y es que en sus dos primeros discos la calidad de los singles, con respecto al resto de canciones que componían el disco, era bastante evidente, sobre todo en el segundo disco, demasiadas canciones de relleno, demasiada morralla, que provocaban que el disco no fuese del todo redondo. En su nuevo trabajo, y pese a que sigue habiendo canciones no tan buenas, logran que el disco sea muy compacto, que se pueda escuchar de principio a fin sin tener que preguntarse porque han incluido alguna que otra canción. Como bien dijo su guitarrista y compositor, Sergio Pizzorno, el disco se puede considerar como la banda sonora de una película imaginaria.

Una película que comienza de la mejor manera posible, con “Underdog”, segundo single del disco y una de las mejores canciones del mismo. Con un comienzo hipnótico y un potentísimo riff de guitarra, podemos notar ya desde el primer corte la mano de su productor. Sonido muy de los 70, psicodélico, adornado por la potente y característica voz de Tom Meighan, que incluso parece que hiphopea, todos estos ingredientes redondean un corte excepcional que abre el disco de una manera brillantísima.

Segunda canción y de nuevo otro de los mejores temas de este álbum, esta vez le toca el turno a la discotequera “Where did all the love go?”, canción con un ritmo muy intenso, con toques de música electrónica y algún que otro ramalazo oriental, que la convierten en un temazo muy bailable.

El tercero de los temas es “Swarfiga”, canción instrumental con aires psicodélicos y con un ritmo machacón y repetitivo que sirve de puente para mi preferida del disco “Fast Fuse”. Un temazo con mayúsculas, con un sonido de guitarra increíble, con un ritmo súper acelerado al mas puro estilo del garaje americano de los 60, de grupos como The Seeds o The Standells, una canción perfecta para pertenecer a la banda sonora de cualquiera de las películas de Tarantino. Solo un calificativo, genial.

“Take Aim” es un tema mas tranquilo, que viene bien después del subidón provocado por “Fast Fuse”, una vez mas la psicodelia está presente en esta canción, esta vez mezclada con algo de folk. La canción comienza con una sección de cuerda y viento que le proporcionan cierto intimismo a pesar de ser una canción muy bailable. Este corte es el primero de Kasabian en el que la voz solista es Sergio Pizzorno, con un resultado mas que aparente.

La canción “Thick and Thieves” es un reconocible homenaje a los hermanos Davies y a sus Kinks, una mezcla de pop y folk que es de lo menos relevante del disco. La pretenciosa “West Ryder Silver Bullets” es una de las dos canciones de este trabajo que parecen sacadas de un western, un western psicodélico, curiosa mezcla, es un tema totalmente americano que empieza con la voz de la actriz Rosario Dawson, tampoco es de lo mas destacable del LP, aun así es una buena canción.

El primero de los singles fue “Vlad The Impaler”, a pesar de no ser la mejor canción del álbum, es una excelente canción. Tiene un ritmo que engancha, un riff de guitarra distorsionada poderoso y un estribillo repetitivo con ese “Get loose, get loose” que acaba metiéndose en la cabeza. Este es otro de los temas en los que se nota más la labor de Dan The Automator. El título y el video de esta canción son acertadísimos, porque es cierto que la canción, sobre todo su principio, suena a película de terror de serie B, a aquellas películas de los 70 de Jess Franco y Paul Naschy. Un sonido muy conseguido.

“Ladies and Gentlemen, roll the dice” es una de las dos, podríamos decir, baladas del disco, es posiblemente la canción que suena mas sesentera. El sonido característico de la guitarra, los coros y el órgano son elementos comunes en grupos como Herman´s Hermits o incluso los primeros Rolling. Personalmente creo que Kasabian no son un grupo de baladas y aunque en todos sus trabajos anteriores proponen un par de ellas, creo que se manejan mucho mejor y con mejor resultado en otro tipo de canciones.

Psicodelia beatleiana para la siguiente canción, “Secret Alpahabets”, un tema en medio tiempo con unas conseguidas armonías vocales, al mas puro estilo del “Revolver” de los 4 de Liverpool y un final mas que decente con una sección de cuerda, a pesar de esto, la canción está un poquito por debajo del resto del disco.

Tenemos que irnos hasta el penúltimo corte del álbum para encontrar otra de las joyitas que nos esconde este “West Ryder Pauper Lunatic Asylum”. Se trata de “Fire”, el segundo de los temas que suenan a western. Un tema que empieza sonando a blues que nos recuerda a The Doors, pero que rompe en un estribillo discotequero, con coros muy setenteros al mas puro estilo de Boney-M, si, si, de Boney-M. Un tema excepcional, magníficamente resuelto por los de Leicester, que sin duda está entre sus mejores canciones.



El disco se cierra con una balada, “Happiness”, la segunda canción interpretada por Pizzorno, con un ligero tufillo a Primal Scream. Un final de disco con cierta elegancia, la que le proporcionan la guitarra acústica y el piano y que remata con un coro femenino de gospel, quizás demasiado presuntuoso. Definitivamente pierden fuerza y calidad cuando se meten en temas lentos.

Un excelente trabajo, con una producción muy cuidada, posiblemente su mejor álbum, no llega a ser una obra maestra, eso es algo muy complicado, pero nos proporciona las suficientes razones como para confiar en sus próximos trabajos, y sobre todo consigue eliminar de un plumazo la etiqueta de Kasabian como aquel grupo que se parece a Oasis, a Primal Scream o a otros grupos. A partir de “West Ryder Pauper Lunatic Asylum”, Kasabian suena a Kasabian y eso es un paso muy importante, ah y por cierto… suena estupendamente.