miércoles, 28 de julio de 2010

40 años buscando a Eva María...

Si tuviera que decir cuál es el primer recuerdo que tengo de la canción del verano, o mejor dicho, cual es la primera canción del verano que recuerdo, sin lugar a dudas es a María Jesús y su inseparable acordeón, cuando nos hizo bailar a todos los españoles al ritmo de su machacón e incansable Baile de los pajaritos. La otrora musa de los jubilados españoles amenizó mis vacaciones en Alicante aquel verano de 1981 y me sirvió para empezar a tener conciencia de un fenómeno que se ha ido repitiendo año tras año sin excepción.

Para empezar yo creo que el término "Canción del verano" no es del todo correcto, hay tantas canciones del verano como personas, es una expresión que creo que se utiliza mal ya que la canción del verano debería ir asociada a una persona, un momento, un lugar o una situación en concreto. Sería mucho más acertado decir ¿Cuál es la canción que te viene a la cabeza cuando recuerdas aquel verano? Aun así, siempre hay unas cuantas canciones que ya desde Marzo o Abril empiezan a aparecer en emisoras de radio o anuncios de tv y que nos avisan de que durante los meses de estío retumbarán una y otra vez en nuestras cabezas.

Podemos decir que el fenómeno de la canción del verano en España nace a mediados de los 60, coincidiendo con la explosión del turismo en España y el boom ocupacional de todas las playas y costas de nuestra geografía. Es en el año 1965 cuando la desconocida hasta entonces Canción del Verano empieza a tomar sentido, ese verano, Johnny & Charley Kurt, un dúo llegado del norte de Europa de éxito tan fulminante como fugaz, consiguieron que todo el mundo aprendiera a bailar el archiconocido “Izquierda, izquierda, derecha, derecha…”, efectivamente se trataba de La Yenka, y con esta canción de dudosa calidad y de coreografía no muy complicada se instauraba una moda que continúa 45 veranos después.

A partir de La Yenka y hasta nuestros días han sido infinidad de canciones las que han acompañado nuestras vacaciones y nuestros meses de calor año tras año. En la década de los 60 y principio de los 70 el protagonismo de estas era casi indiscutiblemente patrio. Los grupos españoles de moda en aquella época se las ingeniaban para un año sí y otro también sacar ese hit pegadizo en verano que les hiciese ocupar las listas de éxitos. A esta prolífica etapa corresponden joyas de la música pop española como Black is Black de Los Bravos, Flamenco de Los Brincos, Si yo tuviera una escoba de los Sirex, Vacaciones de Verano, Cuéntame, La fiesta de Blas o Eva María de Formula V (en la foto), Es muy fácil de los Mitos, Maria Isabel de Los Payos o Un rayo de sol de Los Diablos.


Muchos de estos grupos han sido en ocasiones infravalorados o simplemente se les ha encasillado como grupos de verano, pero han sido y serán parte fundamental de la historia de la música moderna en España, es más, no creo que haya ninguna canción pop hecha en España como el Black is Black de los Bravos, o muy pocos grupos con una discografía tan completa y repleta de éxitos como la de Formula V.

Pero los años 70 transcurrían y la hegemonía de los grupos españoles, sobre todo Formula V y Los Diablos, iba desapareciendo. Era una época de alteración en nuestro país, España estaba abocada a un cambio político, algo que también parece que influyó a la música en general y a la Canción del Verano en particular. A los cantautores y a la canción protesta , tan presentes en los años 70, se les tenía que buscar un competidor y los sectores más reaccionarios pensaron en algo típico español, y que mejor que el pasodoble y Manolo Escobar, que en 1973 se convirtió en el éxito del verano con el hoy todavía omnipresente ¡Que viva España! o Peret y su rumba que hizo lo mismo un año después con Canta y sé feliz.

Con la muerte de Franco, y con los cambios que en el país se produjeron, se cerraba una época, tanto en lo político, como en lo musical. A partir de 1975, la Canción del Verano ya no volvería a ser la misma. Los grupos y solistas españoles pasaron a un segundo plano y la música procedente del extranjero, principalmente las baladas italianas y los primeros hits de sonido dance, ocuparon las primeras posiciones de las listas de éxitos. A esta época pertenecen las baladas Jardín prohibido de Sandro Giacobbe o Gloria de Umberto Tozzi y la discotequera Born to be alive de Patrick Hernandez. Pero los verdaderos protagonistas de este cambio son dos personajes claves de la canción estival, la italiana Raffaella Carra y el rey del verano Giorgie Dann. Entre los dos se bastaron y sobraron para repartirse los éxitos veraniegos de finales de los 70, por parte de la italiana, con Rumore, En el amor todo es empezar, Fiesta o Hay que venir al sur y de principios de los 80, por parte del francés, con canciones como El Bimbó, Macumba, Carnaval, Carnaval, El Africano o El Chiringuito, todas ellas cumplían la receta mágica del éxito veraniego: estribillo pegadizo y coreografía fácil.

La consolidación de la democracia y la pro actividad de la juventud de finales de los 70 y principios de los 80 trajo consigo un resurgir de la música española, a esto también ayudo un fenómeno muy importante para la música de este país como fue la Movida Madrileña, un boom desmedido por todo lo moderno en un claro intento de ruptura con las normas establecidas en el pasado. Grupos como Alaska y sus Pegamoides con Bailando o Radio Futura y su Escuela de Calor devolvieron a la música española el dudoso titulo de reina de la Canción del Verano, compartido eso si, por los éxitos de música disco procedentes sobre todo de Italia y Alemania. Canciones como Brother Louie de Modern Talking, Call me de Spagna o La Dolce Vita de Ryan Paris se convirtieron en número uno en nuestro país, algo que en la mayoría de las ocasiones no ocurría en sus países de origen.

Las canciones del verano nunca se han caracterizado por ser obras maestras, no se trataba de eso, y salvo algunas honrosas excepciones no dejaban de ser canciones simples y facilonas más orientadas al baile y al cachondeo que a otra cosa, pero con la finalización de la Edad de oro del pop Español a finales de los 80, el Aquí no hay playa de The Refrescos sería la última muestra de este movimiento, la poca calidad de las mismas se ve acentuada con un fenómeno que invade las listas de éxitos españolas durante toda la década de los 90 y que todavía continua: La música latina en todas sus variantes. Y es que personalmente creo que desde los años 90 a esta parte sería incapaz de escuchar alguna de estas canciones en algún sitio que no fuese un chiringuito de playa tomándome una cervecita bien fría. A este "selecto" grupo de "temazos" pertenecen clásicos de la chancla y la toalla como Ven, devórame otra vez de Lalo Rodríguez en 1988, Lambada de Kaoma en 1989, María de Ricky Martin en 1994, El tiburón de Proyecto Uno en 1995, Salome de Chayanne en 1998 o atentados musicales como La Bomba de King Africa o el Papi Chulo de Lorna.

Pero no podemos solo criticar a la música que viene del otro lado del atlántico, en nuestro país llevamos los últimos 20 años haciendo "joyitas" verano tras verano. Muchas de ellas por lo menos han servido para incrementar el repertorio en fiestas de pueblos y similares como La luna y el toro de Los Centellas, El Tractor Amarillo de Zapato Veloz o El Corral de El Koala, y otras muchas han servido para hacernos bailar a todos en garitos a altas horas de la noche, en bodas, bautizos y comuniones, porque que salga el valiente que alguna vez no haya bailado La Macarena de Los del Rio o El Asereje de las Ketchup… asi somos en este país.

Y asi vamos llegando a nuestros días, en los que el reggaetón y los politonos nos han invadido, en los que excentricidades tan pintorescas como el Dragostea din Tei de los rumanos O-Zone o nuestro más ilustre representante en Eurovisión, Rodolfo Chikilicuatre y su Chiki, Chiki se hacen un hueco en las listas de éxitos veraniegos. No me quiero poner nostálgico, pero muy lejos quedan aquellas pinceladas de buen pop de mediados de los 60, definitivamente la canción del verano ha seguido por otros derroteros, sobre todo en los últimos años.

Son muchas, 40 años dan para mucho, y seguro que se me olvidan algunas de las que ahora mismo os estáis acordando, pero por lo menos nos ha servido para hacer un recorrido por la música playera de las últimas décadas. Algunas eran buenas canciones y han perdurado, otras regulares y se olvidan de un año para otro y muchas de ellas son auténticos bodrios que pasado el tiempo nos arrepentimos de haber cantado y bailado, pero la canción del verano es lo que tiene. ¿Y este año? Este año no hay ninguna discusión, este año solo hay una canción del verano, que será la de muchos veranos, quien me iba a decir a mí que se me iban a poner los pelos como escarpias cada vez que escuchase a… Bisbal!!! Pero así es, y es que es oír los tambores del principio y acordarme de Iniesta… pero eso es otra historia.

jueves, 8 de julio de 2010

Aquel verano de 1991 y este verano de 2010.

Puede resultar paradójico e incluso exagerado lo que voy a decir, pero creo que pocos grupos en la historia de la música han influido tanto mis gustos musicales como Los Beatles y Crowded House. Si, ya lo sé, no se pueden comparar a los 4 de Liverpool con estos 4 neozelandeses, pero en la época de mi vida en la que los descubrí, sus melodías y sus canciones supieron reconducir mis gustos rockeros de entonces hacia lo que son hoy mis sonidos predilectos. A los Beatles creo que no hace falta descubrirlos, a Crowded House tampoco, al menos a estas alturas, hace 19 años si, o por lo menos yo lo hice aquel verano del 91 en el bar de mi amigo “Lenguao” cuando entre La chica muy mona que vivía en Barcelona de Siniestro y el Vuela, vuela de Magneto se colaba el Weather with you del antológico Woodface.


Esta mítica canción, junto con otros grandes clásicos como Fall at your feet o Four Seasons in one day, pertenecían al tercero de los discos de Crowded House, posiblemente el mejor de su carrera y sin ninguna duda el que les llevo a principios de los 90 a ser uno de los dominadores del panorama pop mundial. Hoy, 24 años después de grabar sus primeras maquetas en una casa repleta, situación que dio origen al nombre del grupo, y de publicar el primero de sus discos, vuelven a la carga con nuevo trabajo, nueva formación e incluso podíamos decir que nuevo sonido, aunque sin dejar atrás ese pop característico y elegante de siempre.

Este último trabajo lleva por título Intriguer y es una apuesta mucho más fuerte y seria que el anterior Time on Earth de 2007, en aquella ocasión el grupo hizo un amago de disco todavía contrariados y abatidos por la muerte en 2005 del batería y uno de los fundadores del grupo, Paul Hester, y a pesar de que el disco no tuvo una mala acogida entre el público y la prensa especializada, no tenía la fuerza que necesitaba un grupo reconocido que desde Together Alone en 1993 llevaba 13 años sin grabar. Para Intriguer, con una nueva formación y los ánimos renovados, han pretendido dejar claro que van mucho más en serio que hace dos años y que sobre todo su líder y alma mater, Neil Finn, sigue componiendo maravillosas canciones.

A pesar de esta capacidad compositora tanto de Neil Finn como de su hermano Tim, dos de los mejores compositores de su generación, y de su facilidad para confeccionar excelentes temas, desde el principio se tildó a Crowded House de hacer un pop facilón, algo que con el paso de los años ha quedado totalmente olvidado, ya que detrás de esas melodías en apariencia sencillas, hay unas inmensas proporciones de buena música. Aun así en este su sexto álbum de estudio, muy pocos para un grupo de más de 20 años de carrera, han querido dar una vuelta de tuerca al sonido Crowded House.

Este Intriguer es un álbum mucho más oscuro, mas intrigante, aderezado con una pizca de psicodelia, con un tempo un punto más alto que discos anteriores pero sin abandonar la más pura esencia de Crowded House y el sonido Finn, con la constante presencia del sonido de los Beatles y sobre todo de Paul McCartney en su etapa en solitario y con canciones que podían haber encajado perfectamente en Woodface o en Together Alone, dos de sus discos más representativos. Y es que está claro que quieren avanzar e innovar pero no perder sus raíces, para ello han contado con el consagradísimo productor musical Jim Scott, artífice entre otros de los discos de Wilco y Jeff Tweedy y que es la primera vez que colabora con los neozelandeses.

El primero de los cortes de Intriguer es el elegido como primer single, Saturday Sun, solo el arranque de batería mucho más presente y contundente que en discos anteriores, nos indica que aquí ha cambiado algo, pero tampoco mucho, porque aunque los efectos electrónicos también son una novedad en el sonido de Crowded House, la mayor parte de la canción experimentamos una sensación de deja vu... “yo he escuchado esto antes”, pues seguramente sí, porque en el fondo es el Neil Finn de siempre, en el fondo es Crowded House.



Archer’s Arrows es mucho menos innovadora y diferente que la que abre el disco, es un medio tiempo, muy a su estilo, en el que la voz de Neil Finn y una deliciosa segunda voz femenina marchan por el camino que les marca el piano durante toda la canción. De nuevo un corte muy de su estilo ¿encasillados? ¿repetitivos? a veces es muy difícil no encasillarse ni resultar repetitivo, pero está claro que nadie hace como ellos este tipo de pop elegante y tranquilo y otra muestra evidente es la maravillosa Amsterdam.

Si tuviese que escoger una canción para pasar un día en el campo en pleno verano esa podría ser perfectamente Either side of the world, el piano, las panderetas y ese coro suave, te trasladan a un ambiente bucólico, de tranquilidad, algo que consigue fácilmente Finn con su voz. Fallin Dove empieza muy tranquila pero su ritmo va in crescendo, sobre todo en la parte central, apoyada mucho más en la guitarra acústica, posee una excelente e insistente melodía que la convierte en una de las mejores canciones del disco.

Con un sonido de guitarra al más puro estilo de los años 50 empieza Isolation, otro medio tiempo interpretado a dúo por Neil Finn y su esposa Sharonn que también hace los coros en Archer’s Arrows. El sonido del órgano y la voz de Sharonn ligeramente distorsionada le dan al tema una atmosfera turbia, que queda rematada por un potente final. No es de las mejores canciones del disco, pero resulta un curioso experimento.

Durante toda su carrera ha sido notoria la influencia de Paul McCartney en la música de Crowded House y de Neil Finn, no solamente en cuanto al sonido, que algunas veces es muy similar al del ex Beatle en su carrera en solitario, sino también en la facilidad que comparten ambos para expresar grandes cosas con pocas palabras, algo que alcanza su máximo esplendor en este disco con Twice if you’re lucky, sin lugar a dudas la canción más alegre y optimista de este Intriguer, “son cosas que pasan una vez en la vida, dos si tienes suerte”, Sir Paul tiene que estar orgulloso de esa frase, de esta canción y del Señor Finn, sin duda.

No podía haber un disco de Crowded House sin una canción con sonido Beatles, y en este caso le ha tocado el turno a Inside Out, la canción más guitarrera del disco que sirve de contrapunto a los dos últimos cortes, Even If y Elephants, dos baladas con la voz solista de Finn como principal protagonista. Emotivas las dos, sobre todo la última, ya que es un homenaje al antiguo batería del grupo Paul Hester, fallecido en 2005. Una manera perfecta para terminar un disco sin sobresaltos.

Siempre han dicho de Crowded House que era un grupo del que conocías mas canciones de las que creías, incluso eso se utilizó como campaña publicitaria, y es cierto, sobre todo en sus comienzos lograron encadenar un éxito tras otro, algo que remitió de repente a mediados de los 90 con el retiro de Finn y sus compañeros de los estudios y los escenarios. Intriguer es una buena oportunidad para volver a recuperar el gustillo por escuchar aquellas canciones que todos canturreamos hace ya unos añitos. No nos vamos a encontrar ningún Weather with you, ni ningún Distant Sun, pero es que eso es tan complicado hoy en dia… lo que está claro es que no nos va a decepcionar y nos va a dejar con un excelente sabor de boca. Gracias a Neil Finn por todos estos años de buenas canciones y sobre todo gracias al “Lenguao”, tantas horas metidas en ese bar por lo menos sirvieron para algo.

domingo, 20 de junio de 2010

Del "Suizazo" a la Hysteria colectiva.

Estoy seguro que todos los que sois fans de MUSE, o fuisteis al concierto, o conocéis a alguien que estuvo y os contó cómo fue la noche del 16 de Junio. A los que no os gustan, o incluso no sabéis ni quiénes son, seguro que en alguno de los telediarios oisteis que 50.000 personas llenaron el Calderón uno de los días más tristes y raros de la historia del futbol español. Pues gracias a estos tres señores del también triste condado de Devon en Inglaterra, la fatídica noche del “Suizazo” en el mundial de Sudáfrica pasó a ser la noche en que MUSE conquistó Madrid.

Y es que no tenían nada fácil levantar el ánimo de la gente después del mal rato que nos habían hecho pasar nuestros seleccionados en la sobremesa, pero bastó con entrar en el estadio Vicente Calderón y contemplar ese macro escenario para darse cuenta de que esa noche se estaba cociendo algo muy gordo, yo personalmente, tarde menos de 1 segundo en cambiar a Iniesta por Matt Bellamy, a Villa por Dominic Howard y a Casillas por Chris Wolstenholme, resumiendo, me quité la roja y me puse la de MUSE.



Esta iba ser mi tercera cita en directo con MUSE, atrás quedaba ya ese concierto en la Riviera, hace casi 10 años, de tres jovencitos que hacían prácticamente punk, esos tres jovencitos hoy iban a llenar el Calderón, algo a lo que solo están acostumbrados vacas sagradas como U2, Madonna o los Rolling Stones. Mucho ha cambiado MUSE desde entonces, sus discos, pese a quien le pese han ido empeorando con el paso del tiempo, puede que hayan crecido como músicos y sus directos sean mucho más completos que antes, pero poco tiene que ver este The Resistance con una joya musical como Origin of Simmetry.

Ahora son mediáticos, muy mediáticos, demasiado mediáticos, y esto como todo en esta vida tiene su parte buena y su parte mala, ahora las gradas están llenas de gente que jamás pensarías que han escuchado como suena una guitarra eléctrica pero cantan Plug in Baby como si les fuese la vida en ello, hacen canciones para las películas más taquilleras, llenan estadios por todo el mundo y sobre todo montan espectáculos musicales como el que montaron el pasado mes de Noviembre en el Palacio de los Deportes de Madrid y como el que todos esperábamos que montasen en el Vicente Calderón.

Como todo lo bueno, se hizo esperar, mientras tanto, resistimos como pudimos a The Big Pink, que solo consiguieron que 4 o 5 personas levantasen los brazos con Dominos, una buena canción, y disfrutamos muy mucho con la voz personalísima de Tom Smith y sus Editors que dejaron claro que están para torear en plazas mayores y no conformarse con ser teloneros de nadie y deleitaron al cada vez más numeroso público con todo su mejor repertorio, destacando Papillon, An end has a start o Smokers outside the hospital doors.

El espectáculo comenzó exactamente a las 22:15, noche cerrada sobre Madrid con un cielo que había aguantado y resistido sin descargar agua gracias a todos los rezos y plegarias que llevábamos haciendo desde que nos levantamos por la mañana. El macro escenario, un engendro a mitad de camino entre un templo y una quilla de barco, comenzó poco a poco a iluminarse, decenas de personas salieron de detrás del escenario portando banderas simulando una especie de manifestación antiglobalización, y de pronto… empezó a sonar el Uprising, había comenzado el concierto.



Con la tremenda duda de no saber qué hacer, si cantar y saltar o seguir mirando la excepcional combinación de luces, pantallas y focos, el aire marcial de Uprising consiguió que nos metiéramos de lleno en el concierto y sin apenas tiempo para respirar los trallazos se fueron sucediendo y un público cada vez mas entregado disfrutó con clásicos de los de Devon como New Born, Supermassive Black Hole o la excepcional Map of the Problematique.

Es perfectamente entendible la inclusión de Neutron Star Collision en el setlist, es su última canción perteneciente a la banda sonora de Eclipse y están en plena promoción, pero sumada a la insulsa Guiding Light, a pesar de recordarme a Vienna de Ultravox, nos dejó a todos un pelín fríos. Era el momento de subir la temperatura, era el momento de la Hysteria colectiva, era el momento del bajo distorsionado de Chris Wolstenholme, era el momento de botar en la pista y de que los que estaban en las gradas se levantasen definitivamente de las sillas y no se volvieran a sentar en todo el concierto.

Llegado a este punto ya teníamos todos claro que Matt Bellamy tiene un talento descomunal, su voz, prácticamente perfecta durante todo el concierto, y el hecho de hacer absolutamente lo que quiere con cualquiera de las 6 o 7 guitarras que sacó, no es suficiente para un genio que cogió la banqueta y se sentó al piano para interpretar, y de qué forma, ese tema con aires de Queen llamado United States of Eurasia, y sobre todo para bordar megáfono en mano el Feeling Good. Sin lugar a dudas uno de los momentos álgidos de la noche.

Si después de casi una hora no habíamos alucinado lo suficiente con el espectáculo musical y visual, una plataforma móvil salió de no sé donde para que primero Chris y Dominic nos deleitaran con un jam repleto de fuerza y ritmo, sensacional el detalle de la batería iluminada, y para que más tarde se sumase Matt para interpretar el tan querido y odiado a partes iguales “Undisclosed desires”, boquitas abiertas y ojos como platos una vez más.

Una intro con The House of the Rising Sun de los Animals dió paso a los últimos 4 temas del concierto antes de los bises, Resistance, que no sonó como en el mes de Noviembre, Time is Running Out, Unnatural selection y Starlight, esta última de las más esperadas de la noche, hay que ver lo bien que suena esta canción en directo y lo emotiva que la hacen las palmas del público. Momentazo y despedida de mentirijilla porque todavía quedaban muchísimas cosas más.

Y es que las principales sorpresas del concierto estaban en estos dos bises, seis canciones mas, Unintended, que estuvo acompañado por los móviles y mecheros de todo el estadio, Exogenesis Part1, una canción que en un concierto quizás se queda descolgada, a no ser que se te ocurra sacar un platillo volante y una trapecista haciendo equilibrios a 30 metros de altura… sin palabras, la siempre poderosa Stockolm Syndrom, Take a bow y el traje de luces de Matt Bellamy, y no me refiero a que fuese vestido de torero, y posiblemente junto con Starlight las dos canciones que todo el mundo esperaba que llegasen, Plug in baby y esa obra de arte que es Knights of Cydonia, con la intro del Man with the Harmonica de Morricone, una canción más dentro del Black Holes and Revelations pero la canción que representa a MUSE en su estado más puro, en directo, una perfecta canción de estadio que desató la locura definitivamente si es que alguien no estaba ya desatado por completo.

Mas de dos horas de puro espectáculo, de talento, de luces y sobre todo de música, porque que a nadie se le olvide que detrás de todas esas pantallas, focos, plataformas, platillos volantes y trajes de luces hay dos excelentes músicos y un tercero cercano a la genialidad. Son muchos los críticos que dicen que el señor Bellamy se ríe de nosotros, sus fans, que hace lo que quiere y como quiere, que se le perdona todo y que es un ególatra con un problema terrible de Megalomanía, gran canción por cierto, pues posiblemente, ¿y que? Yo solo se la cara de tonto con la que salí del Calderón, el dolor de mandíbula que tenía de cantar y tener la boca abierta y el bajón que tenía al día siguiente del concierto, y eso no me lo pueden quitar ni los críticos ni el supuesto egocentrismo del Señor Bellamy. Un concierto memorable, posiblemente de los mejores que he visto en mi vida y de los mejores que veré… seguramente hasta la siguiente gira de MUSE.

martes, 18 de mayo de 2010

Juntos y perfectamente revueltos

A finales de los años 60 y principio de los 70 el productor musical Robert Stigwood, artífice entre otros de películas como Grease, Tommy o Jesuscristo Superstar, puso de moda el concepto de “supergrupo”, entendiéndose este como la unión de importantes músicos procedentes de distintas bandas, de aquella época los más destacados fueron Humble Pie o Cream, esta última con un joven guitarrista llamado Eric Clapton procedente de los míticos Yardbirds. En los últimos años el concepto de “supergrupo” ha desaparecido, y solamente tenemos las referencias de bandas como Audioslave, con Chris Cornell y Tom Morello, o Them Crooked Vultures, con dos pesos pesados como Dave Grohl y Josh Homme.

El grupo al que hoy le damos un repaso se puede considerar un "supergrupo" a la antigua usanza o más bien un "superduo". Broken Bells es el nombre elegido para la unión de dos excelentes músicos, uno de ellos más centrado en labores de producción, como es el caso del neoyorkino Brian Burton, conocido como Danger Mouse y reconocido como mejor productor de la década según la revista Paste, y el otro James Mercer, con una dilatada carrera como guitarrista y voz de la banda de Alburquerque, The Shins, una de las bandas más representativas del panorama indie de los estados Unidos en la última década.



Mercer y Burton se conocieron en un festival de verano en Copenhague allá por el 2004, y ambos se manifestaron admiración mutua desde el primer momento, lo que alimento la idea de colaborar de una u otra forma en un proyecto conjunto. Desde ese momento y hasta 2008 que fue cuando comenzó en serio el proyecto Broken Bells, las carreras de ambos han sido bien distintas. Brian Burton ha producido, entre otros, los discos de Beck o Gorillaz y sobre todo acaparó en 2007 las listas de éxitos y todos los premios posibles, entre ellos 5 grammys, con Gnarls Barkley y su aclamadísimo "Crazy", por otro lado, el futuro de Mercer y sus Shins ha sido más bien incierto en los últimos años, por lo que el nuevo proyecto llegaba en el momento idóneo para ambos.

Los dos pretendieron desde el primer momento que Broken Bells no tuviese nada que ver con sus carreras anteriores, Burton dejó a un lado la producción para centrarse en el aspecto musical puro y duro, componiendo y tocando el órgano, el bajo y la batería en todos los cortes del disco y Mercer amplía, su ya de por si amplísimo registro vocal, con el uso del falsete y unos tonos mucho más graves que los que solía utilizar con su banda. El resultado es un disco homónimo de 10 canciones y solo 36 minutos, que son suficientes para dejar un excelente sabor de boca.

El hecho de ser una formación nueva, lejos de cualquier etiqueta previa, ha llevado a Broken Bells a trabajar de una forma muy cómoda, experimentando, innovando, dando rienda suelta a todo su talento, sin preocuparse por ser fieles a unas señas de identidad que los grupos se ganan a base de años y discos. Han conseguido un sonido característico, sin saber de quién de los dos tienen más influencias, ya que son muchas las canciones en las que se nota la mano de Burton, pero la voz y el buen hacer de Mercer hacen que en muchas ocasiones nos recuerden a su banda. Un entente cordial y una química perfecta entre ambos que se nota a lo largo de todo el disco.

¿Y que se puede escuchar en un disco en el que han participado al 50% un DJ y un cantante de pop-folk? Pues 10 piezas de pop sin más pretensiones, todas ellas cuidadosamente arregladas y con la tranquilidad como denominador común, sin grandes sobresaltos, con influencias muy marcadas, como los sonidos cien por cien reconocibles en los últimos trabajos de Beck o Gorillaz, en los que Danger Mouse era su productor, recuerdos a los primeros discos de los Shins, melodías y coros a lo Beach Boys, pinceladas de The Cure, de Blondie e incluso de Ennio Morricone y el más puro spaguetti western en el tema “Mongrel Heart”, como se puede comprobar, un abanico bastante amplio de sonidos.

La tarjeta de presentación y single de debut es "The High Road" una excelente canción, suena bien y suena distinto, con un inicio marcado por una deliciosa melodía de sintetizador y las palmas que acompañan a la voz de Mercer durante todo el tema. Perfectamente arreglada, con un coro magnifico y un final que me recuerda al Karma Police de Radiohead, y esos son palabras mayores. Un muy buen tema, posiblemente lo mejor del disco.




Personalmente creo que las otras dos grandes canciones de este Broken Bells son "Vaporize" y "The Ghost Inside". La primera de ellas es otra pequeña joya, la canción con mas influencias de los Shins, aunque con mucha más electrónica que en los temas de los de Alburquerque, en la que destaca el maravilloso sonido del organo Hammond y el variadísimo registro de voz de Mercer que lleva la canción a su terreno. La segunda de las dos es la pieza mas popera del disco, de nuevo Mercer juega con su registro vocal y tira de falsete para recordarnos a Prince en un tema diferente al resto de canciones del disco, posiblemente sea el tema más electrónico, pero que solventan con una nota altísima.

La neo-psicodelia y los sonidos más sesenteros no podían faltar en un disco tan variopinto como el de Broken Bells, quizás donde más se dejan notar es en el tema Your Head is on fire", donde los sempiternos Beach Boys y sus coros a lo Good Vibrations hacen acto de presencia.

Del resto del disco mucho a destacar, el piano en "October", los ramalazos de pop ochentero y chamber pop de los dos últimos cortes del disco "The Mall and the Misery" y "Mongrel Heart", este ultimo incluso con un guiño a Ennio Morricone y a las bandas sonoras de los típicos westerns americanos, y en general la delicadeza y a la vez contundencia con la que están ejecutadas todas las canciones del disco, algo que viniendo de quien viene es algo que se podía presagiar pero que queda perfectamente corroborado una vez escuchado el disco al completo.

Dicen que las mezclas no son buenas, pero cuando dos grandes artistas se juntan, a pesar de que sean de estilos diametralmente opuestos, es muy fácil que la cosa funcione, mucho más si entre los dos existe buena química como parece que existe en el caso de Broken Bells y sobre todo si los dos tienen esa palabra tan difícil de encontrar en la música actual… talento. Desconocemos si Broken Bells es un paréntesis en las carreras de estos dos grandes artistas o si por el contrario el buen resultado conseguido con este disco les servirá para continuar con su trabajo conjunto, sea cual sea la decisión que tomen Burton y Mercer nos quedará un más que variado y buen catalogo de canciones para recordarlos. Mientras tanto... a disfrutar.

martes, 13 de abril de 2010

Se ruega no molestar... Genios tabajando

El 2010 es un año cargadito de novedades musicales, son muchos los grupos que han elegido el presente año para presentar sus nuevos trabajos. Entre todos ellos había dos lanzamientos que esperaba y espero con más ganas que el resto, uno de ellos, el nuevo disco de Coldplay, que apuntan a que saldrá a finales de año, por lo que Chris Martin y sus chicos se harán un poquito de rogar, pero el otro ha salido antes de lo previsto, y no me refiero a que la fecha de su lanzamiento se haya adelantado, puesto que Sony la había fijado para el 13 de Abril, sino a que alguien filtró por la red el nuevo y esperadísimo trabajo de los neoyorkinos MGMT que nos han vuelto a sorprender con "Congratulations".



Después de que estos chicos de Brooklyn arrasasen en 2008, tanto en crítica como en ventas, con su "Oracullar Spectacular", para mi uno de los mejores discos de los últimos años, el nuevo trabajo de estos dos genios se hacía esperar con inquietud. En su primer trabajo dejaron claro que están fuera de toda corriente musical, o al menos es lo que pretenden, hacen lo que les da la gana, como les da la gana y cuando les da la gana y parece que no lo hacen nada mal, sino ¿cómo explicar que dos chavales de 20 años con apenas 10 canciones compuestas, un único disco, y un estilo de música poco convencional, firmen por una multinacional como Sony?

¿Las razones?, muy claras, en el Oracular Spectacular hay autenticas maravillas, canciones excelsas, joyas, obras de arte tales como "Weekend Wars" o "Time to pretend" y pelotazos comerciales como "Electric Feel" o "Kids" que han sonado hasta la saciedad en las pistas de medio mundo, por lo que Sony no dudo en convertirlos en millonarios de la noche a la mañana. El hipnótico sonido de las cajas registradoras impidió a la multinacional japonesa darse cuenta de que fichar a dos personajes como Ben Goldwasser y Andrew VanWyngarden más que un acierto, que lo es, algunas veces puede convertirse en un terrible dolor de cabeza.

Dos años después de su primer trabajo, comenzaron a preparar su segundo álbum de estudio y aquí empezaron los nervios de la compañía. Ben y Andrew estaban dispuestos a ir todavía más allá, y si en Oracullar Spectacular habían hecho lo que les había dado la gana, en este Congratulations iban a hacerlo mucho mas, eso sí, esta vez había notables diferencias, y es que tras escuchar el disco una y otra vez, los gurús de Sony se dieron cuenta de que en este disco no había ningún "Kids", ni ningún "Time to pretend", y las compañías muchas veces no entienden de talento… solo entienden de ventas.

Y es que "Congatulations" no tiene un sencillo claro, ni una canción que pueda funcionar bien en las listas de éxitos, pero es talento puro y duro. Es la confirmación de que MGMT son buenos, muy buenos, y que su anterior disco no era un bluff, son un grupo asentado, que enganchará a nuevos seguidores aunque a los quinceañeros de flequillo largo y vaqueros de colores no les haga mucha gracia no encontrar ningún "Kids" con el que puedan bailar el sábado en la disco, y pasarán por alto las influencias de Brian Wilson y los Beach Boys, los coros a lo Rocky Horror o el maravilloso sonido del órgano hammond… como diría José Mota "las gallinas que entran por las que van saliendo".

Para la parte técnica del disco han contado con la ayuda de Peter Kember, músico británico miembro de Spacemen 3, uno de los grupos más relevantes de la psicodelia ochentera, aunque han sido ellos mismos los que han llevado el peso de la producción. Congratulations es un disco excelentemente producido, sorprendentemente producido diría yo, con miles de matices sesenteros, setenteros, poperos, discotequeros, barrocos, psicodélicos, electrónicos… un amplísimo abanico de estilos que hacen que sea una delicia sentarse a escucharlo de la primera a la última canción. Eso sí, es un disco de varias escuchas, son tantos los matices y detalles que en una primera pasada no se puede apreciar la calidad del mismo.

Solo hace falta escuchar la primera canción del disco, "It’s working", para darse cuenta de que aquí algo ha cambiado, incluso ellos mismos tienen dudas de si este cambio de registro funcionará "how will I know if it’s working?" pues claro que funciona!! Un corte redondo que empieza sonando a post-punk británico y acaba recordando al Odessey&Oracle de The Zombies, alguien que se atreva a hacer eso tiene que rebosar talento por los cuatro costados.

Siguen sorprendiéndonos con el segundo de los cortes del disco, "Song For Dan Treacy", esta vez le toca el turno a sonidos más setenteros, sonidos reconocibles que nos recuerdan a la Velvet Underground o a Ray Davies y sus Kinks de principios de los 70. Aparecen los primeros ramalazos de psicodelia, sobre todo con el maravilloso sonido del órgano, excelentes también la batería y el bajo que consiguen una excelente base para el que posiblemente es el corte más rítmico y pegadizo de todo el disco.

Un pequeño descanso con "Someone’s missing", pequeño por la duración del corte, solo 2:30 y descanso porque es un tema mucho más lento que los que abren el disco. La voz de VanWyngarden nos sumerge en un universo cargado de psicodelia, muy al estilo del White Rabbit de Jefferson Airplane, pero en falsete y no con la voz grave de Grace Slick, para un tema que va in crescendo hasta acabar con un final puro funky, excepcional, y que no pega nada con el principio de la canción. Genios.

El primero de los no-singles que tiene Congratulations es "Flash Delirium", pese a ser la primera canción del disco que salió a la luz y tener video oficial, no sigue el patrón del típico single. Una canción sin estribillo, que va subiendo a medida que avanza la canción, con un principio en el que parece que es el mismísimo David Bowie el que canta, acompañado al órgano por OMD, maravilloso. Infinitos cambios de ritmos, coros sacados del Rocky Horror Picture Show y melodías al más puro estilo del Pet Sounds de los Beach Boys redondean una canción excelente y que solo unos pocos elegidos se pueden atrever a componer.



"I Found a Whistle" es la canción más melódica del disco, es una canción que tiene que sonar estupendamente solo con la guitarra acústica, aunque en la versión del disco han decidido darle un aire mucho mas psicodélico con ese sonido maravilloso del órgano y esa especie de zumbido que acompaña a la canción desde el principio. Como casi todo el disco, genial.

La canción donde realmente nos podemos hacer una idea del talento de MGMT es en la larguísima y épica "Siberian Breaks", 12 deliciosos minutos de canción, aunque realmente podemos decir que son 4 o 5 canciones totalmente distintas unidas, hasta tal punto que varias veces parece que empieza una canción nueva. Es la canción donde mejor se aprecian las influencias de la música de los 60, una oda a los años y el sonido de la era de la paz y del amor, al flower power, con maravillosas armonías vocales y un final cargado de psicodelia. Genial en todas sus partes, sobre todo en la primera, sonido california cien por cien puro The Association, y en ese final, menos sesentero pero sensacional, de rock progresivo.

"Brian Eno" es la canción con mas pinta de single de todo el disco. Es un claro homenaje a uno de los gurús de la música de los últimos 30 años, el productor Brian Eno. Es otra de las piezas más rítmicas del disco, esta si tiene una estructura clara de single con un estribillo bien definido. Ritmo machacón mezcla de Krautrock y Surf, un genial riff de guitarra entre estrofas, unos coros desenfadados y una parte central a ritmo de swing son las cosas más destacables de este gran tema. De la letra…mejor no hablar.

La única pieza instrumental de este Congratulations es "Lady Dada’s Nightmare", personalmente es la que menos me gusta del disco. Tiene un titulo sospechoso, y ese Lady Dada tiene toda la pinta de tener algo que ver con la señorita que canta, o al menos lo intenta, el "Poker Face". En algunos momentos, sobre todo al principio de la canción, me suena a banda sonora de película de Antena 3 a las 4 de la tarde, con una especie de aullidos de gato y un final que aunque arregla un poco el resto de la canción, no consiguen que termine de gustarme, resumiendo, me parece prescindible.

El disco se cierra con la canción que le da título, "Congratulations". Otra canción lenta, melosa, de nuevo con la guitarra acústica como protagonista y el sonido de la pandereta. Una canción que recuerda, y mucho, a "The Handshake" de su primer disco y que finaliza con unos aplausos, los mismos que les hubiera dado yo si los hubiese tenido delante, porque este Congratulations es para aplaudir.

Si me hubieseis visto la cara la primera vez que escuché el disco, o la que tengo ahora según escribo este artículo, os daríais cuenta de que me gustan y mucho. Creo que aúnan todo lo necesario para convertirse en un grupo de culto, canciones muy cuidadas y con influencias de los grandes de la música, de cualquier década pero grandes. MGMT tienen claro lo que quieren hacer, y creo que van a seguir haciéndolo en sus próximos trabajos. Actualmente son los alumnos más aventajados de la música indie, si es que se puede ser indie y pertenecer a Sony, y a diferencia de otros "genios", como los sobrevaloradísimos Animal Collective, su música es mucho más tangible y cercana. Estoy seguro que va a ser uno de los discos del año, mas para la crítica especializada que para las listas de éxitos, a mí ya me ha ganado, por eso solo tengo una palabra que decir a estos dos genios… Congratulations.

lunes, 5 de abril de 2010

El tiempo pone a cada uno en su lugar...

Que "Los viejos rockeros nunca mueren" es una frase que gente con una longevísima actividad musical como los Rolling Stones, Bruce Springsteen, Neil Young o muchos otros sesentones, que todavía siguen dándolo todo por esos escenarios del mundo, nos han demostrado que es absolutamente cierta. Pero no solo son los viejos rockeros los únicos que no mueren, "Los viejos britpoperos" tampoco. Es el caso de los cincuentones Ocean Colour Scene que 20 años después de su formación siguen sacando discos de gran calidad como el que nos ocupa hoy, el recién publicado Saturday.



La banda de Simon Fowler y Steve Craddock se formó en Birmingham en 1990, aunque no fue hasta 1992 cuando publicaron su primer disco y hasta 1995 cuando adquirieron fama internacional, cuando su disco Moseley Shoals alcanzó el número dos en las listas de álbumes más vendidos del Reino Unido. Fama que se vio consolidada un año más tarde con su tercer disco, Marchin’ Already, hasta hoy el único disco del grupo que ha conseguido alcanzar la primera posición de las listas británicas, coincidiendo con el punto más álgido del Britpop en Europa.

Ocean Colour Scene, OCS como se les conoce normalmente, vivieron esa explosión, a pesar de una cierta notoriedad tanto en críticas como en ventas, siempre en un segundo plano, a la sombra de los dos grandes grupos que capitalizaron la corriente Britpop de la década de los 90, Oasis y Blur. Musicalmente no tenían nada que envidiar a ninguno de los dos, pero mediáticamente no tenían nada que ver, vendía mucho más las rivalidad de Albarn y los Gallagher, que cuatro chicos de Birmingham que no se metían con nadie, por lo que siempre fueron tratados con cierta dejadez, cierto desdén, circunstancia que lejos de afectarles les espoleó para sacar todo el partido posible a ese papel de segundones. La prueba más evidente es que siguen en el panorama musical, con más o menos éxito, cuando la mayor parte de aquellos grupos pertenecientes al Britpop desaparecieron.

Si algo distinguía a OCS del resto de grupos de su época era el gusto por la música americana, el soul, el rythm and blues y la música negra en general. Con cada uno de sus discos fueron capaces de evolucionar del típico sonido Madchester, tan habitual a principios de los 90, hasta un sonido mucho más personal, mucho más intimo, lejos de encasillamientos o etiquetas, tan habituales entre sus coetáneos, un sonido ligeramente descarriado de la música que se hacía en las islas en aquel momento, eso sí, sin renunciar a sus influencias, los principales grupos de la british invasión y el pop de los 60, The Who, The Kinks, Small Faces o los propios Beatles, pero con ramalazos de otros artistas menos "poperos" como Steve Winwood y la Spencer Davis Group o Paul Weller y The Jam.

Supongo que a estas alturas de la película, con más de 20 años de carrera y 9 discos de estudio a sus espaldas, OCS no pretende con su último trabajo convertirse en un fenómeno fan ni alcanzar las primeras posiciones en las listas de ventas, aun así este Saturday es un excelente trabajo, de lo más destacable de su carrera, lejos de los discos de la segunda mitad de los 90, pero posiblemente lo mejor que han hecho en los últimos años. Y es que aunque resulte paradójico no es tan difícil hacer un buen disco, sobre todo cuando se es buen músico y se tiene talento suficiente, y esto último les sobra a los chicos de OCS.

Para la producción de este Saturday han contado con uno de los productores más de moda en el panorama musical, Gavin Monaghan, responsable entre otros del sonido de dos de los grupos del momento, Editors y los americanos Kings of Leon, estos últimos, auténticos triunfadores de la pasada edición de los premios Grammy, donde se llevaron el máximo galardón. Este "Saturday" es sin lugar a dudas un disco excelentemente producido y que pese a llevar un ligero barniz de modernidad y de experimentar un pequeño cambio, debido sobre todo a su productor, mantiene el sonido característico y genuino de los de Birmingham de anteriores trabajos.

El disco comienza prácticamente a ritmo de pasodoble, con "100 Floors of Perception", pero tranquilos que son solo los primeros compases, pronto empiezan a aparecer sonidos reconocibles, un guiño a una de sus mejores canciones "Hundred Mile High City" y el sonido hipnótico del órgano que nos recuerda, y de qué manera, al "Baba O’Riley" de The Who. En definitiva, la mejor tarjeta de presentación para abrir este disco y toda una declaración de intenciones de lo que nos vamos a encontrar en el resto de cortes.

"Mrs Mayle" es otro trallazo, con dos partes bien definidas, una primera parte mucho mas soulera, con el empaque y la importancia que le proporcionan el sonido del piano y de las guitarras distorsionadas de Steve Craddock, y otra parte mucho más pop, mas folk incluso, muy al estilo de The Beatles en Rubber Soul o Revolver, un medio tiempo tranquilo y sosegado en el que destacan como siempre el sonido de las guitarras, esta vez acústicas, y una especie de bandurria o mandolina.

El tercer corte es el que da título al disco, "Saturday", una buena canción en la que sobresale la sección de viento-metal, que apoya al estribillo, y el piano, demostrando una vez mas que se mueven como pez en el agua entre melodías soul o rythm & blues. A mí personalmente no me termina de convencer el coro de fondo, demasiado ñoño, aun así no molesta en exceso. Una buena canción, sin más, pero lejos de las dos primeras que abren el disco.

Son varias las canciones de este "Saturday" que repiten la formula que tan bien les funciono en sus discos anteriores, "Just a Little bit of Love", "Harry Kidnap", "The Word" o "Fell in love on the street again" son todas canciones que podían aparecer en cualquiera de los discos de sus primeros años. Cada una con sus particularidades pero todas ellas son medios tiempos con ese aire intimista y melancólico tan característico, con arreglos orquestales, en casi todas ellas destacan los violines, y sobre todo, hechas a medida para la voz de Simon Fowler, que en este tipo de temas se maneja a la perfección y demuestra sus excelentes cualidades vocales. ¿Para qué cambiar algo que lleva 20 años funcionando?

Guiño a una de sus mayores influencias, Paul Weller y The Jam, en el tema "Old Pair of Jeans", una de mis preferidas del disco, uno de los temas más potentes de este trabajo, sonido de big band, soul elegante salpicado con rythm & blues, donde no faltan la sección de viento-metal, el piano y el coro femenino que está vez no sobra. Una vuelta de tuerca a su sonido, porque a pesar de ser un tema con tintes soul, no se parece a nada de lo que habían hecho anteriormente… y suena estupendamente.

La melodía de "Sing children sing" es reconocible 100%, suena a Ocean Colour Scene, a discos anteriores, pero esa "especie" de coro góspel la hace distinta, es una prueba más de lo que es este disco, sus sonidos y melodías de siempre pero adaptadas y modernizadas.

El primero de los singles, y otra de las grandes canciones de este Saturday es "Magic Carpet Days", quizás la canción con mas influencias del pop sesentero, perfecto el contrapunto del coro dulce del principio y el riff de mandolina, con el sonido mucho más rudo de las guitarras eléctricas en el estribillo. Un estribillo que se clava y que consigue que estés un buen rato tarareando. Otra de las canciones que nos demuestran que siguen estando en plena forma.



"Village Life" sigue la misma línea de esos temas en medios tiempos con cierto aire nostálgico, pero quizás esta es mucho mas folk que las anteriores, no tiene arreglos orquestales, y la guitarra acústica, la mandolina, tan utilizada en este Saturday, y un lejano sonido de acordeón llevan todo el peso de la canción. Los coros y la potente voz de Simon Fowler hacen el resto.

Pero no todo iban a ser buenas palabras y halagos para este Saturday, "Postal" sobra. No solo sobra, es que no llego a entender como han sido capaces de grabarla. Utilizando un poco la lógica puedo llegar a pensar que su productor tiene mucho que ver en ello, pero supongo que les habrá servido de experiencia para saber en qué tipo de canciones se encuentran desubicados. No digo que sea una mala canción, simplemente creo que no es el tipo de canción que ellos quieren interpretar. No pasa nada, es perdonable, una mala noche la tiene cualquiera.

"What’s mine is yours" es un curioso homenaje a otra de sus mayores influencias, The Beatles, en este caso al sonido de la última época de los de Liverpool, con un principio parecido al Honey Pie del álbum blanco, con el sonido del clarinete y del piano muy años 20, con la voz principal distorsionada como salida de un gramófono, y con una parte central interpretada a dos voces y unos coros que nos recuerdan a muchas de las canciones del propio álbum blanco o del Magical Mistery Tour.

El disco se cierra con "Rockfield", canción homenaje a los estudios de grabación donde se ha realizado el disco. El tema tiene ciertos toques orientales con el sonido de fondo de un shitar, instrumento hindú muy utilizado en la segunda mitad de los 60 por los Beatles, una muestra más de su influencia en el sonido de la banda, y que cierra el disco de una manera bastante digna.

Una de las muchas cosas buenas que tienen OCS es que en cada uno de sus trabajos se percibe que disfrutan con esto, y este Saturday es una prueba fehaciente de ello. Lejos de acomodarse han buscado nuevos sonidos sin renunciar a los que les hicieron famosos, sin renunciar a sus señas de identidad, pero siendo conscientes de que la evolución en el sonido de una banda es lo que la hace mantenerse viva. Quizás no fueron el grupo más representativo del britpop, pero si crecieron como banda en aquella época, veinte años después un nuevo y excelente trabajo sirve para demostrarnos que el britpop no estaba muerto… simplemente estaba descansando.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Bendita comercialidad

¿¿Biffy que?? Eso fue exactamente lo que pensé cuando leí hace apenas unos meses que los teloneros del concierto de Muse iban a ser los escoceses Biffy Clyro. Hasta ese día no había escuchado absolutamente nada de ellos, y eso que el disco al que hoy le sacamos las tripas, es su 5º trabajo, pero me extrañaba que un grupo como Muse, que cuida tanto sus directos, escogiese a "unos mantas" como teloneros de su gira Europea. Como suele ser habitual en estos casos me encomendé a los dos santos que suelen ayudarme en estas situaciones: San Google y San Youtube.



San Google me mostró el camino, Biffy Clyro son un grupo procedente de Escocia formado por el cantante y guitarrista Simon Neill y los hermanos gemelos Ben y James Johnston, que acababan de sacar nuevo disco, de titulo "Only Revolutions", y que su anterior disco "Puzzle" del año 2007 había obtenido unas excelentes críticas tanto de la prensa como del público. Pero el que verdaderamente me abrió los ojos fue San Youtube, ya que tuve la buena o mala suerte, según se mire, de elegir, entre los muchos videos que había, el de la canción "Many of Horrors", perteneciente a su último trabajo, y tengo que reconocer que me quedé asombrado.

Tras escucharla varias veces pensé: "estos tíos no pueden ser así de buenos", porque si todas eran de esa calidad o similar, me hubiese parecido un autentico pecado no haber sabido nada de ellos anteriormente. Tras descargarme el disco (prometo que no lo volveré a hacer) y después de escucharlo entero de una sentada, me llevé la pequeña decepción de que todas las canciones no eran tan espectaculares como "Many of Horror", pero también tuve la grata sorpresa de haber descubierto un extraordinario disco de un grupo, hasta ese momento desconocido para mi, con 6 o 7 canciones extraordinarias, sin lugar a dudas, de lo mejor que había escuchado en el ya lejano 2009.

Creo que la principal razón por la que no conocía a Biffy Clyro es porque no encaja perfectamente dentro de mis preferencias musicales. Después de escuchar sus primeros discos me doy cuenta que su sonido era mucho mas… digamos duro, de lo que estoy acostumbrado a escuchar. Aunque podemos encuadrarlos dentro de la mal llamada música "alternativa", donde prácticamente cabe todo el mundo, su rock alternativo estaba, hasta este disco, mucho más cerca del punk que del pop. En este último disco se han "suavizado", algo que a los que siguen su carrera desde los inicios, no ha sentado del todo bien, dicen que han perdido su frescura, su agresividad, su capacidad de impresionar, sus poderosísimos riffs de guitarra, que este no es el disco mas indicado para descubrirlos… a mi, por lo menos, me ha parecido mucho mas accesible que los anteriores, y por supuesto, una autentica delicia.

Biffy Clyro suenan en algunos momentos demasiado densos, pesa muy mucho su anterior etapa más heavy, de la que no consiguen sacudirse por completo, en algunos momentos con un parecido más que reconocible a Metallica. En su versión mas Light nos recuerdan a grupos como Foo Fighters o Weezer, de los que se declaran admiradores, con una facilidad pasmosa para construir excelentes melodías la mayoría de ellas apoyadas en sus tres instrumentos principales: guitarra, bajo y batería. Para grabar "Only Revolutions" eligieron al productor Garth Richardson y sobre todo a David Campbell, padre de Beck, un genio musical que en este trabajo ha sido el encargado de los excelentes arreglos orquestales, posiblemente una de las principales razones que han hecho que me enganchase a este disco, y que le proporcionan el carácter y el empaque suficiente para catalogarlo como discazo.

Tuve la "suerte", ente comillas, de verlos en directo como teloneros de Muse, y entrecomillo la palabra "suerte" porque los escoceses sufrieron una vez mas el conocido "síndrome del telonero", cuyos síntomas se caracterizan por un sonido mas bien defectuoso y porque el 95% de los asistentes están mas pendientes de que empiece el concierto y de apurar los últimos litros, que de prestar la mas mínima atención a quien está encima del escenario. Aun así, sorprendieron a todos con una rotunda puesta en escena y con varios temas guitarreros que dejaban claro que Biffy Clyro es un grupo a tener en cuenta, y prueba de ello es este "Only Revolutions".

El comienzo del disco es espectacular, con tres temas súper intensos y de excelente calidad que ponen el listón muy alto para el resto de composiciones. La primera de ellas, y segundo single, es "The Captain", un tema que sería una típica pieza rock si no fuese por los arreglos circenses, basados sobre todo en las trompetas, que le proporcionan una atmosfera muy lograda. "The Captain" es el primero de los grandes aciertos de David Campbell en cuanto a arreglos orquestales se refiere.

El primero de los singles extraídos de "Only Revolutions" es "That Golden Rule", posiblemente la canción mas Biffy Clyro del disco, la que más se parece a sus trabajos anteriores, donde destaca el sonido poderoso de la guitarra eléctrica y la voz desgarrada de Simon Neill. Los dos últimos minutos de esta canción son sin lugar a duda de lo mejor de todo el disco, la comunión establecida entre bajo, batería y guitarra con los violines y violonchelos es perfecta, un final muy del estilo de las composiciones que David Campbell realizó anteriormente con grupos como Metallica.

Cierra este terceto, "Bubbles", otro magnifico tema, mucho más lento que el anterior pero con varios cambios de ritmo, y sobre todo, un estribillo genial cantado en falsete a dos voces y un sensacional riff de guitarra. Con otro final para enmarcar, donde destaca el solo de guitarra realizado por Josh Homme, líder de Queens of the Stone Age, excepcional guitarrista y actualmente, uno de los gurús de la música alternativa, productor entre otros de "Humbug" el último trabajo de Arctic Monkeys.

Después del enérgico comienzo del disco, "God & Satan", viene que ni pintada para calmar los ánimos. Es la primera de las baladas del disco, con un comienzo basado en la guitarra acústica acompañando a la voz de Simon Neill, aunque a medida que avanza la canción van incorporándose el resto de instrumentos. Como todo el disco, esta magistralmente arreglada destacando las trompetas y el sonido de campanillas y triángulos.

"Born on a horse" es la rara de Only Revolutions, no suena parecida a ninguna otra, el sonido potente de guitarra aparece solamente en la parte final de la canción, siendo la batería y un maravilloso zumbido de sintetizador los que llevan el peso durante la mayor parte del tema. Es una de mis favoritas del disco, suena distinta, mas rítmica, mas funky, lo que demuestra la polivalencia de Simon Neill como compositor y Biffy Clyro como grupo.

Posiblemente "Mountains" sea la mejor canción de todo este disco, a pesar de que en principio no iba a formar parte del mismo. Es una excepcional canción en la que se mezclan influencias que van desde el rock progresivo hasta el pop. Una canción que golpea desde las primeras notas de piano y que va creciendo y creciendo hasta el final de la misma. Un himno en toda regla, la canción en la que mejor suena la voz de Simon Neill y toda una declaración de intenciones de hasta donde pueden llegar estos escoceses.



"Shock, shock, shock" es un tema rock, ni mas ni menos, nada de arreglos orquestales, ni violines, ni trompetas… ni gaitas, únicamente guitarra, bajo y batería, que no es poco, mucho mas en la línea de los discos anteriores. Un tema que suena muy bien pero que se queda corto comparado con la siguiente canción, "Many of Horror", otro de los grandes temas del disco. Un excelente tema en medios tiempos que tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse en un himno. Excelentemente cantado y orquestado, con una maravillosa parte final de violines. Una autentica delicia.

A partir de aquí y hasta el final, el disco pierde un poco de calidad, se convierte en un disco mucho mas convencional, con canciones muy buenas pero, personalmente, creo que menos trabajadas que las de la primera parte de "Only Revolutions". "Boom Blast & Ruin" y "Cloud of Stink" son dos temas guitarreros, mejor el segundo que el primero, seguramente para los fans de sus primeros trabajos serán de lo mejor del disco, a mi me dejan un pelín frío.

"Know your quarry" es de las 3 canciones lentas del disco, la mas flojita, con un cierto ramalazo ochentero. Bien resuelta, pero siempre y cuando no te acuerdes de las 6 o 7 canciones que has escuchado en la primera parte del disco. Un disco que se cierra con "Whorses", la mejor de esta segunda mitad del disco. Una muy buena canción, con un trabajo vocal excelente, tanto solista como de coros, perfectamente llevada por el galopar de la batería y que cumple con las señas de identidad de Biffy Clyro, comienzo tranquilo, ritmo in-crescendo y los omnipresentes riffs poderosos de guitarra, una formula que funciona a la perfección y que remata con nota alta este "Only Revolutions".

Puede ser que con este último trabajo estos tres escoceses hayan renunciado al sonido con el que se formaron como grupo, el simple hecho de suavizar sus composiciones logrará que el disco sea mucho mas accesible para el gran público, pero debemos entender esta comercialidad no como algo negativo, sino todo lo contrario, ya que estamos hablando de un disco tremendamente cuidado y excelentemente producido. Normalmente no ocurre que el hecho de intentar llegar a un público más amplio suponga, como en este caso, reinventar tu sonido y hacer un disco de esta calidad, por lo tanto podemos agradecer a Biffy Clyro esa falta de rotundidad y de contundencia con respecto a discos anteriores. Lo que está claro es que de una forma o de otra, de un estilo de otro, más duros o menos duros, son un grupo que hay que tener muy en cuenta.